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ARGENTINA Tomada: “Nunca es bueno que una central sindical se divida”

15 DE MAYO
Tomada: “Nunca es bueno que una central sindical se divida”
FUENTE: SALA DE PRENSA – CABA
http://www.prensa.argentina.ar/2012/05/15/30659-tomada-nunca-es-bueno-que-una-central-sindical-se-divida.php
El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, aseguró hoy que nunca es bueno que una central sindical se divida, se fracture, y que espera que del proceso electoral, que enfrentará próximamente la Confederación General del Trabajo, salga una CGT más unida y fuerte.
El funcionario indicó, esta mañana en radio Del Plata: “El proceso electoral que está viviendo la Confederación General del Trabajo, es un proceso que observamos pero en el que no tenemos ni queremos tener ninguna preferencia. Eso se los he dicho a todos los dirigentes gremiales. Creo que es bueno que esto sea así, es muy bueno que el propio movimiento obrero dirima su representación a partir del 12 de julio.
En este sentido, puntualizó que si hay esfuerzos de las partes contrincantes dentro del movimiento, puede haber posibilidades de que la CGT no se divida. “Nunca es bueno que una central sindical se divida, se fracture. No es eso lo que quieren los trabajadores, seguramente, aunque ha habido una tradición en la Argentina, formal o informalmente, de dos o tres líneas”.
Tomada reiteró: “Esperemos que de este proceso electoral salga una CGT más unida y fuerte”.
En cuanto a la relación con el actual titular de la CGT, Hugo Moyano, Tomda dijo que no ha tenido contacto en los últimos tiempos. “Nosotros hemos seguido trabajando en la línea que ha sido la práctica de siempre, sin restricciones, recibiendo las problemáticas de todas las organizaciones sindicales. No es nada para destacar, es nuestra responsabilidad”, afirmó.
Denuncia del PRO
Tomada se refirió nuevamente a la denuncia realizada en su contra por el titular de Subterráneos de Buenos Aires, Juan Pablo Piccardo, por “privación ilegítima de la libertad”. Tomada había mandado a buscar al funcionario porteño por la fuerza pública, luego de que reiteradas veces no se presentara en la negociación paritaria entre Metrovías y los representantes de los trabajadores del subte.
“Ya se va a encargar la Justicia de demostrarle que están absolutamente desenfocados, que antes de hacer ese tipo de denuncias, sin ningún sustento, deberían estar preocupados por hacerse cargo de una responsabilidad como es el subte”, dijo el ministro.
Tomada afirmó que “no pueden pretenderse responsabilidad para hacer tarifazos y no tenerlas para resolver el problema de los trabajadores, que finalmente va a repercutir sobre millones de usuarios”
El titular de la cartera laboral precisó: “Yo he actuado absolutamente conforme a derecho. No se me hubiera ocurrido hacerlo de otra forma. Acá hay un objetivo superior. Cuando el Ministerio de Trabajo, en materia de lo que nos ocupa, tiene la responsabilidad de hacer concurrir a quienes sean citados”.
Tomada explicó que a Piccardo “primero lo habíamos sindicado, después lo citamos, luego yo di una conferencia de prensa advirtiendo que los estábamos citando y que si no venían iban a ser convocados por la fuerza pública. Esto no fue una medida extemporánea”.
“Ayer tuvimos una reunión, por supuesto nuevamente no vino y ahí estamos con Metrovías que tampoco ha hecho una oferta, no están asumiendo las responsabilidades de la hora y lamentablemente si no aparece una solución en las próximas 48 horas tendremos un paro que hemos tratado de evitar como siempre”, afirmó el funcionario.

ARGENTINA Claves de una derrota

Claves de una derrota

El aplastante triunfo de Macri no es ningún enigma. Es la consecuencia de un precipitado histórico propio de Buenos Aires y de cierta ineficiencia oficialista para plantear sus propias razones.

FUENTE: PERSPECTIVA El Sitio de Enrique Lacolla
http://www.enriquelacolla.com/sitio/nota.php?id=236

Nadie esperaba un triunfo de Daniel Filmus en la Capital Federal. Pero tampoco se aguardaba su derrota por guarismos tan altos. Las expresiones de satisfacción del candidato del Frente para la Victoria por la mejoría en el voto y por el segundo lugar alcanzado no pueden disimular el revés. El cual no sería tan grave si no fuera porque el candidato que lo derrotó, Mauricio Macri, es la expresión más deletérea de esa mezcla de frivolidad, señoritismo bien y pavotería, engarzada al núcleo más duro de la doctrina neoliberal, que usa tales atributos para lubricar y descerebrar al electorado. El establishment sale, si no reforzado, al menos confortado con la victoria de “Mauricio”.

¿A quién o a qué cabe responsabilizar por este fiasco? ¿A la arrogancia porteña, asociada a la vieja tradición unitaria, que hizo de la Capital un bastión siempre difícil de conquistar para los movimientos populares? Pero en ese caso –como en el de la anterior elección- fue el conjunto de los barrios porteños los que favorecieron a Macri, más allá de su carácter de clase alta, media alta, baja o proletaria. ¿Fueron los eventuales errores de Cristina Fernández, privilegiando a La Cámpora en las listas por encima de otros sectores y personajes de mayor arraigo? ¿Fue un pase de factura de la CGT por su postergación en las listas de candidatos y en sus aspiraciones programáticas, preanunciados por el puntapié retórico que la Presidente le propinó en el acto en José C. Paz en mayo pasado? En la nota El discurso, que publicamos en esta columna el 18 de ese mes, poníamos en guardia acerca de los peligros que supondría enajenarse la buena voluntad de un movimiento obrero que ha sido siempre el contrafuerte del peronismo y sin el cual no hay construcción nacional posible.

Pero dejemos de lado las hipótesis y pensemos un poco en lo que se viene. El balotaje en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) va a ser asumido por el FPV. No va a ganar, seguramente, pero dar una batalla dura y frontal tal vez pueda disipar un poco el regusto a ceniza que ha dejado esta elección. Pero si se va a batallar, como se debe; y a perder, casi seguramente, que el combate no sea inútil y sobre todo que sirva para aclarar un discurso que durante demasiado tiempo ha sido elusivo respecto de las grandes definiciones estratégicas que el país necesita para orientar su curso.

Jorge Asís, expresión suma del cinismo inteligente, en sus ironías contra el kirchnerismo suele referirse al Modelo proclamado por la Presidente como el “Modelo Imaginario”. No le falta razón. Si bien el kirchnerismo ha hecho mucho, tiene demasiadas asignaciones pendientes todavía. Ha logrado grandes cosas en el campo de la alineación internacional del país y ha tocado bastiones del sistema como lo eran las AFJP y los monopolios de prensa; ha recuperado para el Estado una palanca de la economía como es la conducción del Banco Central, ha potenciado la investigación tecnológica y ha recuperado Aerolíneas, pero las batallas principales están aun por darse. “Profundizar el modelo”, como se enuncia, está muy bien, pero hay que saber qué se entiende por dicha profundización, adónde apunta esta y cuáles serán sus objetivos. Es decir, cuál es el Modelo, en definitiva, en cuya persecución vamos. Sin un plan estratégico de desarrollo similar a los planes quinquenales del primer peronismo y sin una enunciación de las medidas concretas que se piensan adoptar para abolir los sedimentos del desempleo y suplantar el asistencialismo por la productividad, no se va a ir muy lejos y el frente neoliberal partidocrático puede ponerse en condiciones de aspirar nuevamente al poder en el 2015. La nacionalización del comercio exterior, la reforma de la ley de entidades financieras, la estatización de los recursos energéticos, el diseño de un plan de inversiones productivas dirigido a los sectores pesados de la industria; la puesta en condición de las Fuerzas Armadas para defender nuestras amenazadas reservas ictícolas y energéticas en alta mar, así como los reservorios acuíferos de la región; la definición y puesta en marcha de los trazados ferroviarios y viales que son esenciales para la inserción del país en el Mercosur, son propuestas fundamentales que no terminan no sólo de diseñarse sino incluso de proclamarse. Los recursos económicos para esta proyección programática están en parte; sólo que hay que resolverse a tocarlos procediendo a asumir las medidas que se reseñan en el párrafo anterior. Y los inversores externos que concurran a este tipo de desarrollo no faltan, como lo demuestran los actuales contactos entre el gobierno argentino con India y China, las economías emergentes más poderosas del globo.

La respuesta a este tipo de planteo es -viniendo del campo oficialista, claro, pues en el campo de la ortodoxia económica asociada al imperialismo semejantes ocurrencias son herejías que merecen la hoguera-, la respuesta a este tipo de planteo, repito, es siempre la misma: “la correlación de fuerzas no lo permite”. ¿Es tan así? Como expresa Gustavo Cangiano, el rasgo de toda fuerza política con pretensiones más o menos revolucionarias “es que pretende alterar la realidad con el objeto de modificarla, y no adaptarse pasivamente a ella”. En algún momento, de alguna manera, hay que romper lanzas en procura de lo que se quiere lograr. Y el primer paso para hacerlo es ser explícito respecto de aquello que se desea. La gradación de los pasos en procura de tal objetivo estará determinada por las resistencias que se encuentren, pero la transparencia de las metas permitirá siempre encontrar las vías o los atajos que están a mano para alcanzarlas.

Este problema sobrevuela toda la cuestión nacional argentina. En el caso de Buenos Aires (la Capital Federal), la cuestión se agudiza por aquello que mencionamos al principio y que resulta del carácter histórico de su particularismo, abrevado en los viejos privilegios del Puerto y de la Aduana, privilegios que durante 70 años de guerras civiles impidieron la organización del país. El resabio de esa lucha impregna todavía nuestro tiempo de las maneras más impensadas, hasta el punto de que ahora el estatus de Ciudad Autónoma de Buenos Aires (el Artificio Autónomo de Buenos Aires, como dice Asís), y su Policía Metropolitana, evocan y pueden leerse como una emulación caricatural de los tiempos en que el gobernador Carlos Tejedor creaba sus rifleros para enfrentarse al ejército de línea y declaraba al gobierno federal “huésped” de Buenos Aires.

Estas apagadas recordaciones no son más que eso, sin embargo: reminiscencias semiconscientes. Buenos Aires quedó cercado por un cinturón proletario de orígen provinciano y latinoamericano, y absorbida en el cuerpo de la Nación a través del trabajo de los años. Esto es irreversible. Con todo, conserva un particularismo que la hace un poco impronosticable a la hora de votar. No es un mal atributo, en la medida en que es expresivo de un temperamento independiente, pero suele estar influido por esa frivolidad que es fruto de un lavado de cerebro que en la CABA cala más hondo que en otras partes del país en razón de un temperamento autorreferencial que deviene de su propia historia.

El triunfo de una nulidad como Macri en Buenos Aires es expresivo de esta compilación de factores. No es una razón para bajar los brazos, sino, por el contrario, para tratar de clarificar las raíces de ese revés fogoneando el debate de la historia y corrigiendo los eventuales desajustes del oficialismo, a veces también demasiado atraído por el juego de su propia dialéctica interna.

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