Despertar Nacional

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ARGENTINA La Jefa de Estado se reunió con el Alcalde de París

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Martes, 05 de Marzo de 2013
La Jefa de Estado se reunió con el Alcalde de París

La presidenta Cristina Fernández se reunió con el alcalde de la ciudad de París, Bertrand Delanoé, y el embajador de Francia en la Argentina, Jean Pierre Asvazadourian. Posteriormente, la Primera Mandataria suspendió un acto al conocerse el fallecimiento del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías.
Cristina Fernández recibió en su despacho de la Casa de Gobierno al alcalde parisino, Bertrand Delanoé, miembro del Partido Socialista Francés.
La jefa de Estado estuvo acompañada por el canciller Héctor Timerman.
La actividad se desarrolló minutos antes de conocerse oficialmente el fallecimiento del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías y tras lo cual quedó suspendido el acto que la jefa de Estado tenía previsto encabezar en Casa de Gobierno.

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MALI La recolonización de África

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La recolonización de África
Condena de la guerra en Mali y denuncia del complot neocolonial de Occidente
por Laurent Louis
El 11 de enero de 2013, Francia emprende una intervención militar en Mali, país africano donde cerca de la mitad de la población vive con menos de 1,25 dólares diarios. Las razones que París invoca para justificar la operación de hecho retoman la retórica de la «guerra contra el terrorismo» que tanto apreciaba la administración de Bush Jr. El 17 de enero, el diputado independiente Laurent Louis denuncia ante el Parlamento belga los verdaderos objetivos de la intervención. Único diputado en oponerse al respaldo de Bélgica a la operación francesa, Laurent Louis recuerda además que los países occidentales –incluyendo a Francia– apoyaron en Libia y apoyan aún, en Siria, a los yihadistas que París dice querer combatir en Mali.
Red Voltaire| Bruselas (Bélgica)| 3 de febrero de 2013

FUENTE: RED VOLTAIRE NET ORG
http://www.voltairenet.org/article177371.html

Explicación de voto del diputado independiente Laurent Louis
ante el Parlamento belga,
17 de enero de 2013
Gracias, Señor Presidente,
Señores ministros,
Queridos colegas,
Bélgica es, realmente, el país del surrealismo. Esta mañana, nos enteramos por la prensa de que el ejército belga es incapaz de luchar contra unos cuantos militares extremistas con convicciones islamistas que existen en sus propias filas y de que es imposible licenciarlos porque no existen medios jurídicos suficientes. Y, por el contrario, al mismo tiempo, decidimos ayudar a Francia en su lucha contra el «terrorismo» aportándole una ayuda logística para su operación en Mali. ¡Qué no estaríamos dispuestos a hacer para luchar contra el terrorismo… fuera de nuestras fronteras!
Sólo espero que tengamos cuidado en no enviar, para esa operación antiterrorista en Mali, a esos famosos soldados belgas islamistas. Eso lo digo en broma, pero lo que actualmente sucede en el mundo no me hace reír en lo más mínimo. Y no me hace reír porque, no cabe duda, los dirigentes de nuestros países occidentales están tomando a los pueblos por imbéciles, con la ayuda y el apoyo de la prensa, que hoy no es más que un órgano de propaganda de los poderes establecidos.
Las intervenciones militares y la desestabilización de regímenes se hacen cada vez más frecuentes en todas partes del mundo. La guerra preventiva se ha convertido en regla y hoy en día, en nombre de la democracia o de la lucha contra el terrorismo, nuestros Estados se arrogan el derecho de violar la soberanía de los países independientes y de derrocar dirigentes legítimos.
Tuvimos Irak y Afganistán, consecuencias de la mentira estadounidense. Vinieron después Túnez, Egipto, Libia, donde, gracias a las decisiones de ustedes, nuestro país participó en primera línea en crímenes de lesa humanidad para derrocar, en cada ocasión, regímenes progresistas y moderados y reemplazarlos por regímenes islamistas cuya primera voluntad –¡qué raro!– fue imponer la charia.
Lo mismo está sucediendo actualmente en Siria, donde Bélgica financia vergonzosamente el armamento de los rebeldes islamistas que tratan de derrocar a Bachar al-Assad. O sea, en plena crisis económica, mientras que son cada vez más numerosos los belgas que tienen dificultades para alojarse, alimentarse, calentar sus casas o acceder a la asistencia médica… y ya me parece oír a quienes me tildan de sucio populista… pues bien, el ministro de Relaciones Exteriores ha decidido ofrecer a los rebeldes sirios 9 millones de euros. Por supuesto, tratarán de hacernos creer que ese dinero servirá para fines humanitarios… ¡Otra mentira!
Y, como ustedes pueden ver, hace meses que nuestro país no hace otra cosa que participar en la instauración de regímenes islamistas en el norte de África y en el Medio Oriente. Así que cuando vienen a decirnos que vamos a meternos en una guerra para luchar contra el terrorismo en Mali… eso lo que me da es risa.
¡Es mentira! Bajo la apariencia de buenas acciones estamos interviniendo únicamente en defensa de intereses financieros, con una lógica totalmente neocolonialista.

_______________
Nada hay de coherente en ir a ayudar a Francia en Mali, en nombre de la lucha contra el terrorismo islamista, cuando en el mismo momento estamos apoyando en Siria el derrocamiento de Bachar al-Assad por rebeldes islamistas que quieren imponer la charia, como ya sucedió en Túnez o en Libia. De verdad, ya tienen que parar de decirnos mentiras y de creer que la gente es imbécil.
Ya es hora, por el contrario, de que nos digan la verdad. Al armar a los rebeldes islamistas, como los occidentales que anteriormente armaron a Osama ben Laden –que fue amigo de los estadounidenses hasta que estos se volvieron en su contra–, los países occidentales aprovechan para implantar en «los nuevos países» –como dicen– bases militares, mientras favorecen a sus propias empresas nacionales. Todo es, por lo tanto, estratégico.
En Irak, nuestros aliados estadounidenses se apoderaron de las riquezas petrolíferas del país. En Afganistán fue del opio y la droga, como siempre muy útiles para hacer mucho dinero con bastante rapidez. En Libia, en Túnez, en Egipto y también en Siria, el objetivo fue –y todavía es actualmente– derrocar poderes moderados para reemplazarlos por poderes islamistas, que muy rápidamente resultaran incómodos y a los que atacaremos sin vergüenza alguna con el pretexto de luchar –nuevamente– contra el terrorismo o de proteger a Israel. Así que ya sabemos quiénes serán los nuevos blancos. Dentro de unos meses, me atrevo a apostar que así será, nuestras miradas se volverán hacia Argelia y, finalmente, hacia Irán.
Ir a la guerra para liberar a un pueblo de un agresor exterior es algo noble. Pero ir a la guerra para defender los intereses de Estados Unidos, ir a la guerra para defender los intereses de grandes compañías como Areva, ir a la guerra para apoderarse de minas de oro, eso no es nada noble y convierte a nuestros países en países agresores y delincuentes.
Nadie se atreve a decirlo. Pero no por eso me voy a callar. Y tanto peor si mi lucha hace que se me considere como un enemigo de este sistema que pisotea los derechos humanos en nombre de los intereses financieros, geoestratégicos y neocolonialistas.
Desafiar este régimen y denunciarlo es un para mí un deber y un orgullo. Y, sinceramente –y excúsenme por el vocabulario popular–, que se jodan todos los políticamente correctos, tanto de izquierda, de derecha como del centro, que hoy lamen las botas de nuestros poderes corruptos y que con todo placer tratarán de hacerme parecer ridículo.
Que se jodan nuestros dirigentes, que juegan como niños con sus bombas. Que se jodan todos los que se dicen demócratas cuando en realidad no son más que criminales de la peor calaña.
Tampoco siento mucho respeto por los periodistas que tienen el descaro de presentar a la oposición como idiotas, cuando en el fondo saben muy bien que esos opositores tienen toda la razón.
Siento, en fin, el más profundo desprecio por aquellos que se creen los reyes del mundo y que nos imponen su ley porque estoy, por mi parte, del lado de la verdad, del lado de la justicia, del lado de las víctimas inocentes de quienes buscan la ganancia a toda costa.
Es por esa razón que he decidido oponerme claramente a esta resolución que envía a nuestro país a apoyar a Francia en su operación neocolonialista.
La mentira estaba organizada desde el principio mismo de la operación francesa.
Nos dicen que Francia no hace más que responder al pedido de socorro de un presidente maliense. Pero no nos dicen que ese presidente no tiene ninguna… ¡ni la más mínima legitimidad! Y que lo pusieron en el poder para garantizar la transición después del golpe de Estado de marzo de 2012. ¿Quién apoyó ese golpe de Estado? ¿Quién está detrás de esa acción? ¿Para quién trabaja ese «presidente de transición»? Esa es la primera mentira.
El presidente francés Francois Hollande se atreve a afirmar que el objetivo de esa guerra es luchar contra los yihadistas que amenazan… ¡oh! que amenazan nada más y nada menos que… ¡el territorio francés y europeo! ¡Qué mentira tan vil! Al hacerse eco de ese argumento oficial, mientras que tratan además de asustar a la población elevando el nivel de la amenaza terrorista, con la aplicación del plan Vigiparata, nuestros dirigentes y los medios de prensa dan muestras de un descaro inconcebible.
¿Cómo se atreven a recurrir a ese argumento cuando Francia y Bélgica no tuvieron reparo en armar y apoyar a los yihadistas en Libia y cuando esos mismos países siguen apoyando actualmente a los yihadistas en Siria? Ese pretexto sólo sirve para ocultar los objetivos estratégicos y económicos.
Nuestros países ya ni siquiera temen la incoherencia porque todo está concebido para ocultarla. Pero la incoherencia está ahí. No será mañana que veremos a un maliense venir a cometer un atentado en Europa. No. A menos que nos inventen uno súbitamente. Ya se orquestó el 11 de septiembre para justificar la invasión, el arresto arbitrario, la tortura y la masacre contra pueblos inocentes. Así que fabricar un terrorismo maliense… bueno, eso no debe ser demasiado complicado para nuestros dirigentes sanguinarios.
Otro argumento utilizado en los últimos meses para justificar las operaciones militares es la protección de los derechos humanos. ¡Ah! Ese argumento se utiliza ahora nuevamente para justificar la guerra en Mali. ¡Por supuesto! Tenemos que actuar porque si no los infames islamistas radicales van a imponer la charia en Mali, van a lapidar a las mujeres y cortar las manos a los delincuentes. Oh, es verdad que la intención es noble… noble y salvadora, por supuesto. Pero entonces ¿por qué? ¿Por qué, dios mío, participaron entonces nuestros países en la llegada al poder –en Túnez, en Libia– de islamistas que han decidido aplicar esa misma charia en esos países, que hasta no hace mucho eran «modernos y progresistas»? Yo os invito a preguntar a los jóvenes tunecinos que fueron la base de la revolución en Túnez si están felices con su actual situación. Todo eso es hipocresía.
El objetivo de la guerra en Mali está muy claro. Y como nadie habla de ello, yo voy a hacerlo.
El objetivo es luchar contra China y permitir que nuestro aliado estadounidense mantenga su presencia en África y en el Medio Oriente. ¡Es ese el objetivo de estas operaciones neocolonialistas! Y verán ustedes que, cuando se termine la operación, Francia conservará, por supuesto, varias bases militares en Mali. Esas bases también servirán a los estadounidenses y, al mismo tiempo, porque eso es lo que siempre sucede, las empresas occidentales obtendrán jugosos contratos que, nuevamente, privarán a los países recolonizados de sus riquezas y sus materias primas.
Así que, digámoslo claramente, los primeros beneficiados en esta operación militar serán los patrones y los accionistas del gigante francés Areva, que desde hace años ha venido tratando de obtener la explotación de una mina de uranio en Falea, una comunidad de 17 000 habitantes situada a 350 kilómetros de Bamako. Y, no sé por qué, pero algo me dice que no pasará mucho tiempo antes de que Areva pueda por fin explotar esa mina… es una impresión que tengo…
Ni hablar, por lo tanto, de que yo participe a esa colonización minera, a esta colonización de los tiempos modernos. Y, a quienes dudan de mis argumentos, sinceramente los invito a que se informen sobre las riquezas de Mali.
Mali es un gran productor de oro. Pero, desde hace poco, ha sido designado… desde hace poco, eh… como un país que ofrece un entorno de categoría mundial… de categoría mundial… para la explotación de uranio. Pero ¡qué extraño! ¡Un paso más hacia una guerra contra Irán! ¡Es évidente!
Por todas esas razones, y para no caer en la trampa de la mentira que nos están tendiendo, he decido no apoyar esa intervención en Mali y voy a votar en contra.
Y al hacerlo estoy dando una demostración de coherencia ya que nunca he apoyado en el pasado nuestras intervenciones criminales en Libia o en Siria, caracterizándome así como el único parlamentario de este país que defiende la no injerencia y la lucha contra los intereses oscuros.
Piense que realmente es hora ya de poner fin a nuestra participación en la ONU o en la OTAN y de que salgamos de la Unión Europea, si esa Europa, en vez de ser una garantía de paz, se convierte en un arma de ataque y de desestabilización contra países soberanos en manos de intereses financieros y no de intereses humanistas.
Finalmente, no puedo menos que llamar a nuestro gobierno a que recuerde al presidente Hollande las obligaciones resultantes de la Convención de Ginebra en materia de respeto de los prisioneros de guerra. Me indignó, en efecto, oír en la televisión, de boca del presidente francés, que su intención era «destruir» –repito, «destruir»– a los terroristas islamistas. No me gustaría entonces que la calificación utilizada para designar a los opositores al régimen maliense –hoy en día siempre es práctico hablar de «terroristas islamistas»– se utilice para evadir las obligaciones de todo Estado democrático en materia de respeto de los derechos de los prisioneros de guerra. Esperamos que la patria de los derechos humanos respete los derechos antes mencionados.
En fin, y para terminar, permítanme subrayar la ligereza con la que estamos decidiendo ir a la guerra.
Primeramente, el gobierno actúa sin la menor autorización del Parlamento. Dicen que tiene ese derecho. Envía equipamiento y hombres a Mali. El Parlamento reacciona posteriormente. Y cuando reacciona, como hoy, bueno… asiste a esta asamblea sólo un tercio de sus miembros… menos todavía si hablamos de los parlamentarios francófonos. Se trata, por lo tanto, de una ligereza culpable que realmente no me sorprende de parte de un Parlamento de perritos falderos sometidos a los dictados de los partidos políticos.
Muchas gracias.
Laurent Louis

MALI La guerra global del gas

La guerra global del gas
¿Al-Qaeda en la torre Eiffel?
por Alfredo Jalife-Rahme

FUENTE : RED VOLTAIRE NET ORG
http://www.voltairenet.org/article177275.html
En momentos en que el número de militares que participan en la intervención francesa en Mali ya sobrepasa la cifra de 2 000 hombres en el terreno, el comentarista mexicano Alfredo Jalife analiza en el diario La Jornada las razones de esa intervención. Su visión de especialista en relaciones internacionales lo lleva a señalar las similitudes entre ese y otros escenarios existentes en otras latitudes. Y resalta además que, al igual que en otros conflictos que hoy se desarrollan alrededor del Mediterráneo, la nueva intervención francesa… huele a gas.
Red Voltaire| Ciudad de México (México)| 28 de enero de 2013
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Un soldado francés en la ciudad maliense de Niono, el domingo 20 de enero de 2013.
Ha sido muy ilustrativa la confesión de las partes interesadas, desde Libia hasta Argelia y pasando por Mali, lo cual nos evita tener exponer evidencias irrefutables, como reza el sacrosanto apotegma penal aplicable a los yihadistas de al-Qaeda, quienes están siendo usados como carne de cañón en la prístina agenda geopolítica/geoeconómica de la OTAN, encabezada por Estados Unidos, con el fin de hacer prosperar triplemente sus objetivos en:
• 1- El norte de África/Sahara/Sahel: región pletórica en materias primas, sobre todo, gas, uranio y oro;
• 2- la parte oriental del mar Mediterráneo (Gaza/Líbano/Chipre/Siria): región pletórica en gas;
• 3- la región del golfo Pérsico: sobresaturada en hidrocarburos.
En «Bajo la Lupa» [1] ya planteé –en septiembre de 2011– la hipótesis de la «guerra del gas» que se libra en la costa oriental del Mediterráneo (desde Gaza hasta Siria), mientras que la Red Voltaire ha expuesto que detrás de la conflagración en Siria se encuentra «el centro de la guerra del gas en el Medio Oriente» [2].
La entrevista de Michael Maloof, experto del Pentágono en la fase del bushiano Ronald Rumsfeld, al cada vez más imprescindible canal de televisión Russia Today, esclarece el empantanamiento de Francia como consecuencia de la intervención en Mali –su antigua colonia– que se puede convertir en el «Afganistán» de París [3].
Michael Maloof hasta presagia un epílogo «trágico» (sic) al presidente Hollande y confiesa sin tapujos el papel que jugó el Comando de Estados Unidos para África (AfriCom) en la «formación y entrenamiento» (¡nuevamente sic!) de los tuaregs –legendarios nómadas del Sahara/Sahel–, que luego «desertaron» extrañamente para aliarse a los salafistas, quienes practican una lectura integrista del Corán, y a la franquicia de al-Qaeda en el Maghreb Islámico (AQMI).
El término «Maghreb» designa la parte occidental del mundo árabe en contraposición al término «Al-Mashrek», que designa su parte oriental. ¡Qué parecido con la telenovela del cártel de Los Zetas en México, que repite el mismo guión, concebido quizás por el mismo autor! El «experto» pronostica que AQMI, a partir de sus reductos en Libia/Mali/Argelia, emprenderá «ataques contra Europa» (¡súper-sic!). ¿Al-Qaeda en la Torre Eiffel?
Nolens volens (sin querer queriendo) y en forma tangencial, Michael Maloof advierte que también Rusia se encuentra amenazada debido a «sus inversiones en la región». El panorama que pinta es ominoso: «situación peligrosa (sic) que rebasa a Malí per se. Puede afectar todo el norte de África (¡súper-sic!) y penetrar en Europa». ¡Uf !
¿Se trata de represalias anglosajonas por la repatriación del oro europeo de las arcas de la Reserva Federal? ¿Forma parte de la ya desatada «guerra de las divisas» entre el dólar y el euro por la hegemonía en Occidente ante el ascenso irresistible del renminbi chino?
Mali exhibe 7 fronteras incandescentes donde la franquicia AQMI se mueve increíblemente a sus anchas y con una precisión digna de la más alta tecnología: Argelia (potencia en la producción de gas), Níger (país pletórico en uranio), Burkina Fasso, Costa de Marfil, Guinea, Senegal y Mauritania.
La prensa china está preocupada y vislumbra detrás del nuevo montaje hollywoodense en el Norte de África/Sahara/Sahel un sabotaje deliberado a las cuantiosas inversiones de China en el continente africano. ¿Arrecia la guerra geoeconómica de la OTAN contra los países del BRICS [4] en el continente africano?
Perturbadoramente, The Jerusalem Post, diario israelí muy cercano a los caducos neoconservadores straussianos/bushianos, revela en su edición del 22 de enero de 2013 que la toma de la planta de gas de BP (again!) en In Amenas (Argelia), en la frontera con Libia, por la brigada de corte hollywoodense Khaled Abu Al-Abbas, rama de los yihadistas de AQMI, «fue coordinada por un canadiense» (sic) apodado «Chedad» y arrojó 81 muertos en los enfrentamientos con el ejército argelino. ¿Un «canadiense» de la anglósfera?
Más allá del sensible factor humanitario, para el análisis geopolítico se decanta que la planta de marras exporta un 10% del gas argelino a Europa (según Stratfor, 21 y 25/01/13). Stratfor advierte que AQMI ha puesto en jaque el gas norafricano desde Libia hasta Argelia.
El rotativo británico Morning Star reporta el 22 de enero de 2013 que el canciller británico William Hague admitió que los «terroristas» (sic) de In Amenas portaban armas británicas (¡super-sic!) provenientes de la suculenta venta de armas pactada por Gran Bretaña con el régimen de Khadafi, ulteriormente depuesto en Libia (país pletórico en gas y agua fresca, sin contar sus evaporadas reservas de oro, hoy bajo control «contable» debido a la ocupación de la OTAN).
El portal del canal de televisión France24 pregunta –el 22 de enero de 2013– si el diminuto emirato árabe de Qatar, «alimenta la crisis en el norte de Malí», donde los nómadas de la legendaria tribu de los tuaregs –que se mueven al ritmo de las arenas en el Sahara/Sahel norafricano– han instalado en el norte de Mali (rico en oro) la república independiente de Azawad en conjunción con los salafistas/yihadistas que han impuesto la ley coránica integrista de la Sharia.
Más allá de su exigüidad geográfica y militar, llama poderosamente la atención el papel preponderante que juega Qatar (tercera potencia mundial en producción de gas natural y primer ingreso per cápita del planeta) en varios focos incandescentes del Medio Oriente, con sus generosos financiamientos a los grupos salafistas/yihadistas e incluso a la poderosa Hermandad Musulmana en Egipto, Siria, Jordania, Gaza, Libia, Túnez etc. Qatar es por sí solo todo un tema a escudriñar.
France24 cita al geopolitólogo Mehdi Lazar, «especialista del tema Qatar», quien en el semanario francés L’Express expone que «Malí posee un inmenso potencial en gas y petróleo» y en su región norte –la secesionista Azawad– tiene «ricos yacimientos de oro y uranio».
A juicio de Thierry Meyssan, director de la Red Voltaire, la teatralidad de la intervención francesa tiene como fin «apoderarse del oro y uranio de Mali» y «abre la vía a la desestabilización de Argelia» [5]. Thierry Meyssan es muy severo con su país natal y afirma que «la técnica de injerencia francesa es una repetición de la administración Bush: utilizar a los grupos islámicos para crear conflictos, luego intervenir e instalarse bajo el pretexto de resolver los conflictos». ¿Será cierto? ¿Existe tanta perfidia en el mundo? ¿Estamos ante un juego de trampas múltiples: Argelia cae en la trampa de Francia, que a su vez cae en la de Estados Unidos?
La evaluación estratégica del presidente ruso Putin y su canciller Lavrov expone que los acontecimientos norafricanos son consecuencia de la intervención de Occidente en Libia y Siria. Se perfila una exquisita guerra por las materias primas, en particular los hidrocarburos, que afecta la retaguardia y el abastecimiento de Rusia (como exportador) y China (como importador).
El más alto nivel de la cúpula de la OTAN no oculta su desprecio por la muerte masiva de islámicos, como acaba de proferir el príncipe Harry, nieto de la reina Isabel de Inglaterra, al afirmar que «matar musulmanes es tan divertido como jugar videojuegos» [6].
Para la misántropa herejía neoliberal imperante en la OTAN lo relevante es el control de las materias primas cotizables, no la suerte de los humanos. Y tanto mejor si esos humanos son islámicos, indígenas, mexicanos o latinos, sin cotización bursátil.
Alfredo Jalife-Rahme
Fuente
La Jornada (México)
[1] «”La guerra del gas” de Israel vs. sus vecinos: Egipto, Gaza, Líbano, Siria y Turquía», por Alfredo Jalife, La Jornada, 18 de septiembre de 2011.
[2] “Siria, centro de la guerra del gas en el Medio Oriente”, por Imad Fawzi Shueibi, Red Voltaire, 13 de mayo de 2012.
[3] ‘Mali a potential long-term, Afghanistan-like conflict for France’, Russia Today, 17 de enero de 2013
[4] Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica
[5] «Mali: Una guerra puede esconder la llegada de otra» por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 21 de enero de 2013.
[6] Ver http://www.librered.net, 25 de enero de 2013.

ARGENTINA La Jefa de Estado recibió al Primer Ministro de Francia

25ene13 FRANCIA 250113foto3Viernes, 25 de Enero de 2013
La Jefa de Estado recibió al Primer Ministro de Francia

La presidenta Cristina Fernández se reunió con el Primer Ministro de Francia, Jean Marc Ayrault, en Casa Rosada.
El encuentro se realizó el despacho presidencial y acompañaron a la primera Mandataria, el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina y el ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman.
El primer ministro de Francia asistió a la reunión acompañado por el ministro delegado de Asuntos Europeos de Francia, Bernard Cazeneuve; el ministro de Economía Social, Solidaria y del Consumo, Benoit Hamon; y el embajador de Francia en la Argentina, Jean Pierre Asvazadourian.
Asistió también el embajador argentino en Francia, Aldo Ferrer.
La mandataria participará con Ayrault de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribe-Unión Europea que se realizará desde mañana en Santiago de Chile.
La visita de Ayrault es la primera de este nivel desde la que encabezó en 2007 su antecesor, François Fillon, quien había llegado para representar a París en la ceremonia de asunción de la Presidenta, en diciembre de aquel año.

SIRIA Intervención humanitaria en Siria, hace 150 años

Actualidad de la Historia
Intervención humanitaria en Siria, hace 150 años
por Pascal Herren
¿Intervención humanitaria en Siria? El pretexto humanitario ya fue invocado anteriormente, en 1860… precisamente por Francia, para intervenir militarmente en Siria, que en aquella época era una provincia del Imperio Otomano. Desde Ginebra, el estudioso Pascal Herren pasa en revista, en este artículo, las verdaderas intenciones de la Francia de Napoleón III, tan inconfesables como las de la Francia sarkozista u hollandista. Y recuerda además las consecuencias, nefastas, que sufrieron entonces los pueblos de la región.
Red Voltaire| Ginebra (Suiza)| 12 de diciembre de 2012

FUENTE: RED VOLTAIRE NET
http://www.voltairenet.org/article176927.html
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El 16 de agosto de 1860 un cuerpo expedicionario francés desembarca en Beirut. Según Napoleón III, los militares franceses van «restablecer el orden» en Siria, que por aquel entonces es una provincia otomana. Mencionada hoy como «primera manifestación del derecho de injerencia humanitaria», aquella intervención militar sirvió en realidad para acentuar el dominio económico de Francia sobre la región.
Mucho se habla en los últimos tiempos de una intervención humanitaria en Siria como medio de poner fin a los sufrimientos que desde 2011 ha venido soportando la población afectada por los combates entre el régimen y la oposición armada, combates cuya responsabilidad se atribuye principalmente –con razón o sin ella– al bando gubernamental.
Esa acción de socorro implicaría, por lo tanto, el derrocamiento del actual régimen. Incluso parece que ya empezó a implementarse desde hace meses, de forma indirecta, con la entrega de armamento a los rebeldes y con el envío a Siria de agentes y de grupos de combatientes extranjeros. Sin embargo, recurrir al uso de la fuerza en territorio de un país extranjero sin el consentimiento de las autoridades establecidas constituye una violación del principio de soberanía de los Estados reconocido en la Carta de la ONU. El empleo de la fuerza entre los Estados está prohibido, exceptuando únicamente los casos de legítima defensa o de una acción colectiva aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU.
En 1968, la Corte Internacional de Justicia [de La Haya] condenó el apoyo militar de la administración Reagan a los Contras que trataban de derrocar el poder sandinista en Nicaragua. Washington acusaba al régimen nicaragüense de haber cometido atrocidades, pero la Corte [de La Haya] precisó incluso que ese tipo de apoyo [militar] no era el medio apropiado para garantizar el respeto de los derechos humanos.
Esos obstáculos jurídicos no han impedido la realización de operaciones unilaterales, oficialmente motivadas por razones altruistas, una práctica que se ha desarrollado, por ejemplo, con el bombardeo contra la antigua Yugoslavia durante la crisis de Kosovo –en 1999– y la invasión de Irak –en 2003. El más reciente ejemplo de esa práctica fue la acción emprendida contra Libia en 2011, acción sobre la cual varios Estados señalaron que fue más allá de lo que permitía la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.
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El 17 de noviembre de 2012, el presidente francés Francois Hollande recibe en París al jefe de la «Coalición Nacional de Fuerzas de la Oposición y de la Revolución», fabricada en Doha menos de una semana antes. A pesar de su larguísimo nombre, el nuevo bebé de las naciones occidentales y las monarquías del Golfo no ha logrado unificar la oposición siria, pero su existencia ya sirvió de pretexto para el desembolso, por parte de Francia, de 1,2 millones de euros de «ayuda humanitaria de urgencia». Y los sables se mantienen en alto.
La fundamentación de esas intervenciones unilaterales se basa en una norma de tipo superior, universal: el deber de proteger la vida de cualquier población contra toda amenaza de carácter masivo que pese sobre ella. Pero ese principio, perfectamente legítimo, depende enteramente de la buena voluntad de quien realiza la intervención. ¿Cómo garantizar que el que interviene no utilice el inmenso poder que se arroga al recurrir a la violencia hacia otro Estado para perseguir objetivos que serían censurables? La historia está llena de guerras «justas» que terminaron muy mal para los pueblos implicados. Ya en 1758, el gran jurista Emer de Vattel denunciaba el yugo que los conquistadores imponían a los indios de las Américas con el pretexto de liberarlos.
Los especialistas en el tema han buscado por mucho tiempo un ejemplo de acción de ese tipo realizada por una potencia interventora irreprochable. Y por mucho tiempo creyeron haberlo encontrado en la expedición realizada en 1860 en la provincia otomana de Siria, que entonces incluía el actual Líbano [1]. Durante los meses que van de mayo a agosto de aquel año, entre 17 000 y 23 000 personas, mayoritariamente cristianos, fueron masacradas en el llamado Monte Líbano y en Damasco en medio de enfrentamientos intercomunitarios. En Europa, la noticia causó conmoción en la opinión pública. Las autoridades otomanas fueron acusadas de haber estimulado, e incluso de haber participado, en los excesos cometidos por las milicias drusas en la región de Monte Líbano y por los amotinados en Damasco. Napoleón III decide entonces el envío de un cuerpo expedicionario de 6 000 hombres para poner fin al «baño de sangre», con la aprobación de las demás potencias europeas. Las tropas francesas se mantienen menos de un año en la región y se retiran después del restablecimiento de la calma y luego de implantar una reorganización administrativa a la que se atribuye haber mantuvo la concordia civil hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Aún hoy, algunos de los juristas que más se oponen al reconocimiento de un derecho de intervención humanitaria aceptan, sin embargo, que la acción de 1860 pudiera ser la única «verdadera» intervención humanitaria del siglo XIX.
Pero un análisis más profundo nos muestra que los problemas intercomunitarios que estallan en 1860 eran también exacerbados por el sistema de clientelas practicado en aquella época por las potencias europeas hacia las minorías locales. Hay que señalar además que los intereses en juego son enormes en ese momento, con el reparto de las provincias de un Imperio Otomano en plena desintegración, [provincias] que los amos de Europa se disputan entre sí. Y Siria se halla precisamente en medio de la estratégica ruta que conduce a la India, la joya del Imperio británico. Francia no esconde por entonces su interés por esa región, rica en posibilidades comerciales, mientras que Rusia trata desde hace tiempo de extender su territorio hacia el sur. Y para lograr sus propios objetivos cada una de esas potencias apoya a alguna comunidad local, para utilizarla a su favor: los franceses se convierten en protectores de los católicos católicos, los rusos defienden a los ortodoxos y los británicos apadrinan a los drusos.
Durante el periodo posterior a la intervención de 1860, Francia acentúa su control económico sobre el Líbano, a tal punto que en 1914 el trabajo del 50% de la población activa libanesa depende de la industria francesa de producción de seda. Un sector [ocupacional] que se derrumba como resultado de la decisión de la industria francesa de independizarse de sus proveedores libaneses, que pierden así sus medios de subsistencia.
Un año más tarde, en 1915, los aliados británicos y franceses organizan el bloqueo de las costas sirias, impidiendo así la llegada de alimentos a esa región altamente dependiente de las importaciones de cereales. El objetivo es lograr que las provincias árabes se subleven en contra del poder central de Estambul, que ya participa en la Primera Guerra Mundial al lado de la Alemania de Guillermo II. El resultado es una hambruna sin precedentes que cuesta 200 000 vidas en el centro y el norte de la región del Monte Líbano y 300 000 vidas más en Siria.
En 1840, Francois Guizot, en aquel entonces embajador de Francia en Londres, resumía de la siguiente manera los cálculos geopolíticos que predominaban entonces en las cortes europeas y que, en su opinión, motivaban la política del ministro británico de Relaciones Exteriores Lord Palmerston: «Allá, en el fondo de algún valle, en la cúspide de alguna montaña del Líbano, hay maridos, mujeres, niños, que se quieren y que ríen, pero que serán masacrados mañana porque Lord Palmerston, a bordo del Railway de Londres, se dice a sí mismo: “Siria tiene que sublevarse. Yo necesito que Siria se subleve. Si Siria no se subleva, I am a fool.”»
Pascal Herren

FRANCIA ¿Prevención o más bien control?

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¿Prevención o más bien control?
Adopta Francia nueva ley antiterrorista como reminiscencia del caso Merah
por Jean-Claude Paye
¿Marchan los legisladores franceses tras los pasos de sus homólogos estadounidenses en materia de limitación de las libertades, e incluso de control generalizado de los comportamientos etiquetados como «no convencionales»? El sociólogo Jean-Claude Paye analiza aquí el proyecto de ley sobre seguridad y terrorismo aprobado el 12 de diciembre de 2012 por la Asamblea Nacional francesa, a propuesta del ministro socialista Manuel Valls.
Red Voltaire| Bruselas (Bélgica)| 16 de diciembre de 2012

FUENTE: RED VOLTAIRE NET
http://www.voltairenet.org/article176954.html

Prácticamente por consenso, la Asamblea Nacional de Francia adoptó definitivamente, el 12 de diciembre de 2012, el proyecto de ley de seguridad y terrorismo del ministro del Interior Manuel Valls. El texto, que ya contaba con el apoyo de los diputados de la UMP (la Unión por una Mayoría Popular, partido de derecha del ex presidente francés Nicolas Sarkozy) fue aceptado también por los diputados ecologistas. El Frente de Izquierda fue la única formación política que se abstuvo durante el voto. Analizado en el marco de un procedimiento acelerado, la adopción del proyecto de ley fue por lo tanto muy rápida y se concretó sin verdadera oposición.
Este texto es presentado como destinado a enfrentar los «disfuncionamientos» registrados en el caso Merah. Se trataría principalmente de poder someter a juicio a los ciudadanos franceses o a las personas que residen habitualmente en territorio francés «que cometan actos de terrorismo en el extranjero […] o que vayan al extranjero a entrenarse como terroristas». En realidad, la ley del 23 de enero de 2006 ya permitía sancionar los actos considerados como terrorismo y cometidos por ciudadanos franceses fuera del territorio nacional. Pero en esa ley los hechos eran castigados por la legislación del país extranjero, que debía además denunciar dichos actos.
Desmintiendo leyes que ya existen
La nueva ley crea un nuevo delito, que consiste en ir a un campo de entrenamiento, específicamente en la región afgano-pakistaní. No sólo la ley de 1986 sobre la «noción de asociación para delinquir» ya permitía anteriormente criminalizar ese tipo de comportamiento sino que varios juicios ya habían resultado en la condena de personas sobre la base de ese tipo de acusación. Por ejemplo, 5 de los 6 franceses detenidos en Guantánamo, y liberados por las autoridades estadounidenses, fueron condenados a su regreso a Francia. Se les acusaba haber estado en campos de entrenamiento militar supuestamente pertenecientes a al-Qaeda y, en el caso de uno de ellos, de haber participado en «una enseñanza religiosa que predicaba la violencia». Se produce así una negación de las posibilidades legales ya existentes, así como de las condenas a las que ya habían dado lugar.
El objetivo de Manuel Valls aparece, en primer lugar, como un desmentido de la existencia del dispositivo legislativo anterior, que ya contiene todo lo que el nuevo ministro del Interior quiere introducir en él. Su acción en ese sentido nos recuerda de inmediato las declaraciones de su predecesor, Claude Gueant, quien explicaba a la prensa que Merah no había sido arrestado a título preventivo, aunque estaba bajo vigilancia, porque «no se le podía reprochar ningún hecho delictivo antes de que cometiera sus crímenes». «En Francia, no se envía a la gente a los tribunales por sus intenciones, ni por tener ideas salafistas. Sólo se puede arrestar a la gente por lo que hayan hecho», agregaba entonces Claude Gueant.
La manera de actuar de los dos ministros del Interior es idéntica. Primero desmienten la evolución de los 10 últimos años en materia de derecho penal, o sea la existencia de posibilidades de acusación y de procedimientos penales que conceden extensos poderes a la policía y a los servicios de inteligencia. Y luego afirman que, debido a esas lagunas, nuestra seguridad se ve amenazada y que hay que introducir en el código penal toda una serie de disposiciones, que en realidad ya existen o que ya se utilizan dentro de un marco administrativo.
Medidas de control
que se hacen permanentes
El otro aspecto de gran importancia en la nueva ley tiene que ver con el control de los datos de conexión: internet, geolocalización y facturas telefónicas detalladas. Desde 2006, ese modo de vigilancia se puede ejercer [en Francia] con carácter preventivo, o sea sin que exista un delito previo. Pero esas disposiciones, que se renuevan periódicamente –cada 2 años– son de carácter temporal y expiran el próximo 31 de diciembre. El gobierno incluso invocó la necesidad de prolongarlas al justificar el uso del procedimiento de urgencia. Pero el hecho es que, con su inclusión en la nueva ley, esas medidas se hacen permanentes.
A través de esta votación, el grupo parlamentario socialista reniega de su anterior abstención, en el momento del voto de esas mismas disposiciones, en 2006. Después del caso Merah, el entonces presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, también pensó en la adopción de una ley que instaurase una vigilancia sobre las conexiones a internet. Y la izquierda, en aquel momento, criticó aquella iniciativa. Pero ahora recurre a los mismos procedimientos y a las mismas justificaciones. Además, la LOPPSI 2 (Ley de Orientación y Programación por la Seguridad Interna), aprobada el 8 de febrero de 2011, ya autoriza un tipo más profundo de vigilancia. Esa ley incluye, con la autorización de un juez, la posibilidad de instalar, sin conocimiento de la persona interesada, un dispositivo técnico capaz de registrar lo que se escribe en el teclado y de obtener capturas de pantalla. Y para instalar ese dispositivo de vigilancia, los investigadores pueden incluso introducirse en el domicilio o en el vehículo de la persona vigilada, clandestinamente y –de ser necesario– durante la noche.
Prolongando el efecto de estupor
Aparte de instalar un «sin sentido» y de prolongar el efecto de estupor provocado por el caso Merah, ¿qué otro objetivo puede tener una nueva ley que permite criminalizar comportamientos ya perseguidos por la legislación existente y que instala disposiciones de vigilancia que ya se utilizan? El estupor que el caso Merah suscitó no proviene tanto de su carácter violento como de la forma en que se manifestó el gran poderío de la policía. Las imágenes no permitieron observar ni analizar nada y las «informaciones» se anulan todas entre sí. A la falta de sentido de lo que se dijo mientras se desarrollaba el espectáculo del asalto se agrega, a través del nuevo proyecto de ley [que acaba de aprobarse], un automatismo de repetición que perpetúa el efecto de petrificación, además de mantener la prohibición de todo tipo de cuestionamiento sobre ese caso. Encerrado en la falta de sentido, el sujeto sólo puede evitar la crisis mediante una aceptación cada vez más estrecha de «lo que dice» el poder. Así que no puede hacer otra cosa que aceptar y dar él mismo más sentido aún a la anulación de sus propias libertades.
Al eliminar, como se hace en toda ley antiterrorista, toda distinción entre el interior y el exterior, el proyecto de ley [que acaba de ser aprobado] nos pone en una situación de sicosis. Eso se manifiesta en la fusión que nos impone ese texto entre el derecho penal y las leyes de la guerra. Todo acto de solidaridad o de simpatía hacia los pueblos extranjeros que Francia agrede militarmente, sin que exista siquiera una declaración de guerra, está siendo progresivamente transformado en crimen. Este proyecto de ley forma parte del absurdo concepto, en el que se combinan dos palabras con significados diametralmente opuestos, que es «la guerra humanitaria», la guerra del «Bien contra el Mal». El nuevo gobierno de Francia sigue aquí exactamente la misma línea que el anterior, confirmándonos así que se trata de un «cambio dentro de la continuidad».
Jean-Claude Paye

Argelinos piden a Francia reconocimiento de atrocidades durante colonización y guerra

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FUENTE: LIBRE RED NET
http://www.librered.net/?p=23274

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