Despertar Nacional

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HONDURAS El aceite que derrama sangre en Honduras

El aceite que derrama sangre en Honduras
MIÉRCOLES 18 DE ABRIL DE 2012 21:31 MAJO SISCAR – PERIODISMO HUMANO
FUENTE: RESISTENCIA HONDURAS NET – HONDURAS
http://www.resistenciahonduras.net/index.php?option=com_content&view=article&id=4533:el-aceite-que-derrama-sangre-en-honduras&catid=54:agrarias&Itemid=238

Honduras
46 campesinos organizados del Bajo Aguán han sido asesinados desde el golpe de estado por recuperar tierras que les pertenecían
El jueves 11 de abril Doninely “Adonis” López iba en su motocicleta al asentamiento de palma africana de la Confianza, unas tierras recuperadas por los campesinos del Aguán, en Colón, cerca del caribe hondureño, cuando seis balas de armas de grueso calibre le arrebataron la vida. Tenía 46 años y junto a sus compañeros estaba negociando con el Gobierno y los terratenientes palmeros la legalización de las tierras que iba a trabajar ese día. Pese al diálogo continuo ahora es el campesino número 46 asesinado en la región desde el golpe de Estado, el 28 de junio de 2009 y uno de los 200 asesinados por cuestiones políticas en la Honduras postgolpe de estado.
En la región del Río Aguán se mantiene desde hace dos décadas un conflicto agrario entre los campesinos sin tierra que reivindican su derecho al trabajo, a la tierra y a una vida digna y los terratenientes productores de palma africana que concentran la mayoría de las tierras de la región desde que en 1990 el gobierno hondureño decretase la Ley de Modernización Agrícola para impulsar la extensión del monocultivo y la concentración de la tierra a costa de expropiaciones y desconocimiento de los pequeños propietarios que veinte años antes había llevado a poblar esta región prácticamente deshabitada con una reforma agraria que prometía tierra y una vida digna a campesinos pobres de todo el país, el segundo más pauperizado de América Latina solo después de Haití. En los ‘70, se fomentó la creación de cooperativas de trabajo y se facilitaron préstamos para la plantación de palma en la región. Se limitó la concentración de tierras para evitar los latifundios y el Estado actuó como mediador. Con la ofensiva neoliberal de los ‘90 dos grandes empresarios, René Morales y Miguel Facussé –uno de los hombres más poderosos de Honduras e instigador del golpe de Estado de 2009- se hicieron con el control mayoritario de la región y extendieron su producción de palma, apoyados por organismos internacionales que promueven este cultivo para producir agrocombustible y por tratarse de cobertura arbolada que da bonos de carbono. Con esta concentración de las fincas, los campesinos no solo perdieron su soberanía alimentaria, sino que se racionalizó la producción y se perdió mano de obra, además de que bajaron los salarios de los jornaleros. Los agricultores que habían perdido tierras y los asalariados empezaron a organizarse en diferentes agrupaciones. En 1998 se empezaron a visibilizar las primeras acciones organizadas: cortes de carretera, movilizaciones y tomas de tierra. Esas empresas asociativas, como la Camarones donde trabajaba Adonis López toman algunas hectáreas de tierras a los terratenientes y se asientan en ellas para poder trabajarlas y luego exigir su reconocimiento al Estado.
El gobierno de Manuel Zelaya (2006 – 2009) les reconoció y emitió un decreto para asegurar un mínimo de tierra a cada campesino. Pero con el golpe de Estado del 28 de junio de 2009, se anuló la nueva ley, se cortó toda negociación y en medio de la dictadura los campesinos organizados radicalizaron su toma de tierras en ambas márgenes del río Aguán. Desde entonces la represión les está desangrando. Los terratenientes aumentaron sus guardias de seguridad, sicarios a sueldo. Solo desde esa fecha se cuentan 46 homicidios, sin que se haya hecho justicia por ninguno. La respuesta gubernamental ha sido militarizar la zona, en lo que se ha llamado Operación Xatruch. Sin embargo, la presencia de soldados en las carreteras y en las propias comunidades no ha bajado la represión sino al contrario. Los campesinos acusan a los “chepos” (como se les llama en hondureño a los uniformados) de estar coadyuvados con los guardias de Facussé y Morales.
“Lo asesinaron sin piedad como ya han asesinado a muchos otros compañeros. Están tratando de presionarnos para que aceptemos firmar un acuerdo con el Gobierno que nos asfixiará económicamente para así volver a quitarnos la tierra. La gente vive aterrorizada y de nada ha servido militarizar la región, porque los asesinos siguen al acecho y ninguno de los delitos cometidos ha sido esclarecido, ni los responsables fueron castigados”, declaró Vitalino Álvarez, el portavoz del Movimiento Unificado Campesino de la Aguán -una de las cuatro organizaciones campesinas de la zona- a la Secretaría Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Sirel.
La masacre de El Tumbador
La violencia de los terratenientes no tiene límites. Los campesinos lo saben bien desde el lunes 15 de noviembre de 2010. Aquella madrugada fue la última que Guadalupe Gallardo se levantó a hacerle el desayuno a su marido. Con su machete colgado a la cintura y sus tortillas y fríjoles bien guardados, Raúl Castillo se fue a las cinco de la mañana con un grupo de hombres de su comunidad como jornaleros a cosechar la fruta de la palma africana de la finca El Tumbador, una finca de 450 hectáreas que según los labradores les pertenece. Después de dos meses de estar allí día y noche, Facussé les había dicho finalmente que estaba bien, que siguieran ahí y que ya verían como se arreglarían. Desmontaron las chabolas que habían levantado para quedarse en la tierra y se regresaron a la comunidad. Pero había que ir a trabajar la tierra. Y ese lunes, eran apenas las seis de la mañana cuando cerca de 200 guardias de Facussé cercaron las camionetas en la que viajaban los campesinos y empezaron a dispararles. Los labradores, colgados de la caja de la camioneta huyeron como pudieron. Los machetes, que usan para trabajar, no repelen las balas. El tiroteo y la persecución duró tres horas. El último de los cadáveres se encontró a un kilómetro y medio del lugar.
“Era como una guerra, disparaban con armas de alto calibre que solo tiene el Ejército. La policía está confabulada con Facussé. Con sus armas nos dicen que ellos son los que mandan”, cuenta Rubén Ortiz Pineda, uno de los supervivientes. Otro, Francisco Ramírez, perdió la sonrisa ese día. Cuando recibió el balazo impulsivamente volteó la cara hacia la izquierda y el proyectil salió dejándole un hoyo arriba de la comisura izquierda del labio. Pensó que iba a morir pero cuando se dio cuenta de que no, corrió a refugiarse. Uno de sus compañeros le recogió en la camioneta junto a otro herido en la pierna. Estuvo cuatro meses hospitalizado, pero ahora ya puede volver a sonreír junto a su esposa y su hija, de 12 años. Guadalupe Gallardo, en cambio, no puede evitar las lágrimas al recordar la masacre que le arrebató a su marido. Junto al cuerpo de Raúl, arrojado en la carretera con varios disparos de bala, le colocaron un fusil de asalto AK-47. La foto con cuatro cadáveres de campesinos fuertemente armados dio la vuelta al país. Algunos medios de comunicación, afines a los terratenientes, dijeron que los campesinos del Aguán eran guerrilleros, financiados por Venezuela y las FARC. No se hizo ninguna investigación. A día de hoy sus familias aún esperan justicia.
“¿De dónde salieron esas armas? Ellos no andaban armas, solo el machete”, espeta María Concepción Membreño, viuda de Teodoro Acosta. “Los mismos guardias se las pusieron luego de matarlos para sacarles la foto armados y para que el pueblo entero dijera que los campesinos tienen armas”, continua Guadalupe Gallardo.
Después de la matanza, Miguel Facussé les ofreció dinero para compensar la pérdida y que se quedaran calladas. “Le dijimos que no, que no queríamos su dinero sucio. Nada nos devolverá la vida de nuestros compañeros, pero queremos justicia. Pero no hay ninguna investigación. No hay ninguna respuesta, no sabemos si se va a castigar los culpables o no. Así como va nuestro país, no creo que se haga, pero a mí me gustaría para que Facussé sepa que uno vale tanto como él. Eso es lo que yo más deseo, justicia. Él puede hacer lo que quiera porque tiene dinero pero a nosotros, ¿qué nos queda?”, se pregunta indignada Guadalupe.
A la rabia y el dolor de estas mujeres se suman las dificultades económicas que padecen. Guadalupe Gallardo sale a trabajar ahora a las 4.30 de la madrugada a una cooperativa de fruta de palma. Cada día camina más de cinco kilómetros entre el palmeral juntando las frutas que cayeron al suelo al cortar el racimo. Las recoge en sacos de hasta 50 kilos por los que le pagan 25 lempiras, menos de un euro. Si no hay mucha cosecha en un mes puede ganar unas 1000 lempiras, unos 40 euros. Si le va bien puede llegar a noventa euros que apenas le alcanzan para ella y su hijo de ocho años. Más difícil es la situación de Concepción Membreño. Su hijo menor tenía 10 días aquel fatídico 15 de noviembre. Tiene otros siete, el más grande de 16 años. Al principio, solo de los nervios no podía hacerse cargo de ellos. Ahora pasa fuertes penurias económicas. “Hay días que hacemos una comida fuerte, otros dos”, relata con un hilito de voz que desafía a las lágrimas.
Y su tragedia solo es una muestra de la que viven cerca de 6.500 familias. Periódicamente hay asesinatos particulares, atropellamientos, hostigamientos, amenazas, encarcelamientos. Ante las denuncias de los campesinos, el gobierno decidió militarizar la zona, en la operación conocida como Xatruch, que ya va por su tercera fase. Así los retenes militares se multiplican por la carretera y los accesos a las tierras. En Guadalupe Carney un batallón militar mantiene un campamento desde hace más de un año. Sin embargo, hace unos meses mataron a un campesino en la misma comunidad. A la vez la Fiscalía ha extendido órdenes de captura contra 90 campesinos por ocupación de tierras y otros delitos. Uno de ellos está preso desde hace cuatro años, José Isabel Morales, de la Guadalupe Carney. “Yo le pido al Estado que me devuelva a mi hijo, que está procesado inocentemente. Lo acusan de violador, ladrón y de incendiar unas tierras. Hace cuatro años que está preso y ni siquiera le dictan sentencia”, explica Ramona López. A Morales, junto a otros 31 comuneros de la Guadalupe Carney, como Francisco Ramírez, les acusaron falsamente de haber robado un camión de fruta de un terrateniente en una de las cosechas de fruta de sus tierras, ya legalizadas bajo el gobierno de Zelaya.
Negociar con el gobierno
Aún así, los campesinos del Aguán siguen en conversaciones con el gobierno. “Condenamos la inseguridad en que estamos viviendo y el desinterés del Estado en dar una respuesta a esta problemática. Nos asesinan para tratar de amedrentarnos y ablandarnos. Lo han hecho hace poco con el compañero Matías Valle y ahora con ‘Adonis’ López”, asevera Vitalino Álvarez. En 2010 el gobierno de Porfirio Lobo acordó otorgar once mil hectáreas de tierra para una población de 6.500 familias campesinas. Finalmente solo se otorgaron a los campesinos 3000 hectáreas a pagar cada una a 135.000 lempiras (unos 7.000 dólares) a un interés del 14% a quince años. Desde entonces se han sucedido las mesas de diálogo sin mucho éxito. Mientras a los campesinos se les otorgaría menos de dos hectáreas de palma por familia, Miguel Facussé ostenta 17.000 hectáreas.
“Los movimientos campesinos se sientan con el Gobierno porque su estrategia ha sido mantener un proceso de negociación permanente. Sin embargo, los diferentes acuerdos firmados en estos tres años no resuelven el problema. Estamos bajo la tercera militarización. Lo que nos espera aquí es una arremetida de los terratenientes utilizando el Ejército, la Policía y sus propios paramilitares contra el Ejército” explica Wilfredo Paz, del Observatorio Permanente de Derechos Humanos del Aguán. Este defensor de Derechos Humanos ha recibido amenazas de muerte directas en su teléfono, le han intentado atropellar, le han detenido, igual que a otros campesinos. El acecho diario mina el ánimo. “Antes de que mataran a mi marido yo no sentía miedo, ningún temor. Ahora sí, tengo miedo cuando salgo de la comunidad. Me da miedo por mi hijo, cuando va la escuela o cuando va a casa de su abuela al otro lado de la carretera. Los coches de los guardias han atropellado niños”, cuenta Guadalupe aunque asegura que no dejaría el Aguán. “Queremos nuestras tierras libres para trabajar tranquilos. Estamos como en medio del enemigo. Quiero que mi hijo cuando crezca tenga donde trabajar tranquilo. Yo voy a seguir luchando por lo que mi marido le tenía amor”, concluye.
Además de la propiedad legal de la tierra, el campesinado del Bajo Aguán exige una reforma agraria integral que no solo les asegure la tierra sino les apoye a implementar cooperativas de procesamiento del fruto de la palma para ser autónomos. “Tenemos la cosecha pero no tenemos la fábrica para convertirla en aceite, aunque tengamos la tierra no se puede trabajar. Necesitamos una ley agraria nacional”, reivindica Juan Galindo, uno de los dirigentes campesinos locales. De momento, pese a ser reprimidos por los terratenientes dependen de ellos para echar la palma a andar. Los mismos campesinos que ocupan las tierras compran el fertilizante a Morales o Facussé y les acaban vendiendo a ellos mismos la cosecha, porque son los dueños de las procesadoras de palma de la zona. De esta manera, los mismos que les asesinan les condicionan los precios de venta del fruto y hacen el negocio. “Nos estamos peleando con algunos terratenientes y siempre estamos trabajando con ellos porque nosotros, como pobres, no tenemos los recursos para desenvolvernos en todo el proceso de producción. Tendríamos que tener una procesadora de manteca y aceite, pero ahora es la única forma que tenemos de trabajar. Ellos están contra nosotros y nosotros les seguimos sirviendo”, cuenta Ramírez mientras descarga la compra anual del fertilizante que acaban de adquirir en la empresa de René Morales, por el que empeñan su venta de la cosecha de casi todo el año.
La palma en tu despensa
La fruta de la palma africana es una suerte de dátil más redondeado del que se saca el aceite de palma, el segundo aceite más consumido en el mundo. Tal vez no lo tengas en la despensa como tal, pero está en muchos productos derivados, desde margarinas y la bollería que merendamos hasta la pasta de dientes o el jabón que usamos, pasando por velas, pinturas, detergente o crema de zapatos. Su uso se ha extendido por su bajo precio, pero no es una grasa muy saludable. Casi la mitad de los ácidos grasos del aceite de coco y de palma son saturados. Un consumo continuado puede aumentar el colesterol y, a largo plazo, contribuir a la aparición de enfermedades como la arterioesclerosis. Por otro lado, como también puede servir para biocombustibles ha aumentado la demanda y el cultivo de la palma africana se está extendiendo por los países tropicales, aunque sea a costa de deforestar los bosques y las selvas originarias.
Para los defensores de derechos humanos el conflicto en el Aguán se inserta en un marco de continuidad del golpe de Estado. “Estamos en crisis de derechos humanos, hay un Estado colapsado que engaveta los casos premeditadamente. Solo en el régimen de Porfirio Lobo (desde el 27 de enero de 2010) tenemos 15 desapariciones forzadas, más de 200 personas asesinadas por razones políticas en todo el país. Sigue habiendo persecución política y exiliados, los incendios recientes forman parte de una estrategia de atemorización… es lamentable pero en Honduras no hay democracia”, resume Dina Meza, del Comité de Familiares de Desaparecidos de Honduras. Para esta activista, desde el golpe de estado hay todo un proceso de reforma del país, y la represión es el método para conseguirlo. “El golpe no va a terminar mientras no se lleve a cabo una nueva asamblea constituyente que no sea para los ricos de este país”, concluye.
http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/2012/04/honduras-el-aceite-que-derrama-sangre.html

HONDURAS ¡Medardo Flores, un ejemplo de la lucha popular!

¡Medardo Flores, un ejemplo de la lucha popular!
VIERNES 09 DE SEPTIEMBRE DE 2011 12:49 FNRP
FUENTE: RESISTENCIA HONDURAS NET – HONDURAS
http://www.resistenciahonduras.net/index.php?option=com_content&view=article&id=3631:imedardo-flores-un-ejemplo-de-la-lucha-popular&catid=51:comunicados&Itemid=259
El Frente Nacional de Resistencia Popular condena el asesinato de nuestro compañero Medardo Flores, hecho acaecido en la noche del 8 de septiembre por un grupo de hombres armados que dispararon contra su vehículo cuando se dirigía hacia su hogar.
Medardo fue un compañero que brindó toda su vida a la liberación de la clase trabajadora, un ser humano excepcionalmente generoso y un amigo de las revoluciones latinoamericanas.
Tenía 61 años, era miembro del Frente Nacional de Resistencia Popular y del Bloque Popular, también formaba parte del equipo de Radio 1 en San Pedro Sula.
Desde los años 80, había sido un destacado miembro del Sindicato de Trabajadores de la Empresa Agrícola de Sula (SITRACOAGS) y cercano colaborador de Dagoberto Padilla, presidente del Sindicado y mártir de la revolución hondureña.
Antes del golpe de Estado, Medardo fue un activo voluntario de la Misión Milagro, proyecto del ALBA que devolvió la vista y mejoró la calidad de vida de cientos de miles de personas en toda Latinoamérica.
Las personas que lo conocieron de cerca, constataron su gran calidad humana y su permanente solidaridad con sus compañeros.
Exigimos que castigue a los responsables de su muerte.
El Frente Nacional de Resistencia Popular, realizará protestas permanentes y actos de presión a nivel nacional para que se detengas las constantes violaciones de derechos humanos.
¡Medardo Flores, Presente!
¡Resistimos y Venceremos!
Tegucigalpa, 09 de septiembre de 2011

ULTIMA ACTUALIZACIÓN ( VIERNES 09 DE SEPTIEMBRE DE 2011 12:51 )

HONDURAS FNRP convoca a acciones contundentes para denunciar el vil asesinato de Emo Sadloo

FNRP convoca a acciones contundentes para denunciar el vil asesinato de Emo Sadloo
JUEVES 08 DE SEPTIEMBRE DE 2011 07:51 RED MORAZÁNICA DE INFORMACIÓN
FUENTE: RESISTENCIA HONDURAS NET – HONDURAS
http://www.resistenciahonduras.net/index.php?option=com_content&view=article&id=3611:fnrp-convoca-a-acciones-contundentes-para-denunciar-el-vil-asesinato-de-emo-sadloo&catid=95:resistencia&Itemid=334

Las coordinaciones municipales y departamentales de todo el país se reunirán en Tegucigalpa para tomar decisiones
Régimen reacciona con nerviosismo ante la ira popular
Red Morazánica de Información
Tegucigalpa. 7 Septiembre 2011. El Frente Nacional de Resistencia Popular, instó a toda la resistencia a realizar acciones contundentes con el fin de denunciar el violento asesinato esta tarde del miembro del FNRP, Mahadeo Roopchand Sadloo Sadloo, más conocido como Emo.
En conferencia de prensa realizada esta noche, el Coordinador del FNRP, Manuel Zelaya Rosales, expuso que el asesinato de Emo representa un quiebre en el cumplimiento del Acuerdo de Cartagena, firmado en meses pasados con el titular del régimen Porfirio Lobo, en la colombiana ciudad de Cartagena.
Zelaya responsabilizó al Estado de Honduras por el vil asesinato, “es un hecho repudiable para todos los hondureños que deseamos que este país busque un sendero de paz y reconciliación… condenamos enérgicamente el asesinato del compañero Emo, si él tenía medidas cautelares, quien era el responsable de su seguridad”, aseveró.
“Vamos a tomar determinaciones en respuesta precisa para no tener ninguna duda para el pueblo hondureño que este crimen no se va a quedar así, no se va a permitir que continúe esta barbarie contra los miembros de la oposición”, expresó el Coordinador del FNRP.
Zelaya, invitó a los coordinadores departamentales y municipales a hacer presencia el día de mañana en el sepelio de Emo, donde según lo expresado tomarán decisiones acerca de las acciones a seguir en el marco de la denuncia nacional e internacional de la persecución y asesinato político que hoy en día viven los miembros del Frente Nacional de Resistencia Popular.
Por su parte, el titular del régimen convocó a una conferencia de prensa en Casa de Gobierno, donde expresó que se pondrá toda la fuerza del Estado para dar con el paradero de los responsables del asesinato. Esta es la primea vez que el Porfirio Lobo habla de una violaciones de derechos humanos desde que inició su gestión.
Los restos mortales de Emo estarán siendo velados en el Salón Salvador Ibarra del COPEMH.

ULTIMA ACTUALIZACIÓN ( JUEVES 08 DE SEPTIEMBRE DE 2011 08:14 )

Nestor Kirchner pide juicio a las Juntas Militares en 1983

Nestor Kirchner pide juicio a las Juntas Militares en 1983

http://www.youtube.com/watch?v=siuGYpy-G3A&feature=player_embedded

 

Pablo Neruda fue asesinado

Pablo Neruda fue asesinado

FUENTE: LIBRE RED NET

http://www.librered.net/?p=7177

El asistente del premio Nobel
de Literatura, Manuel Araya -quien estuvo a su lado en sus últimos días- cuenta
un secreto que lo ahoga: el poeta “fue asesinado”. Y sostiene que la orden vino
de Augusto Pinochet: “¿De qué otra parte iba a salir?”.

Todo estaba dispuesto para que
el poeta y premio Nobel de Literatura Pablo Neruda se exiliara en México. Había
viajado de su casa en Isla Negra a Santiago de Chile y un avión enviado por el
gobierno mexicano estaba listo para recogerlo.

Sin embargo, tuvo que ser internado
en la clínica Santa María. Avisó por teléfono a su mujer, Matilde Urrutia, y a
su asistente Manuel Araya que un médico le había puesto una inyección en el
estómago. Unas horas después murió. Araya -quien estuvo al lado del poeta en
sus últimos días- cuenta a Proceso un secreto que lo ahoga: el poeta “fue
asesinado”.

El poeta chileno Pablo Neruda
“supo a las cuatro de la madrugada (del 11 de septiembre de 1973) que había un
golpe de Estado. Se enteró a través de una radio argentina que captaba por onda
corta. Ésta informaba que la marina se había sublevado en Valparaíso.

“Trató de comunicarse a
Santiago, pero fue imposible. El teléfono estaba fuera de servicio. Recién como
a las nueve de la mañana confirmamos que el golpe se había concretado. (…) Ese
11 de septiembre fue un día caótico y amargo porque no sabíamos qué iba a pasar
con Chile y con nosotros.”

Manuel Araya Osorio habla de
Neruda con la familiaridad de quien ha compartido momentos cruciales con un
personaje histórico. Y sí. Fue asistente del poeta desde noviembre de 1972
-cuando regresó de Francia- hasta su muerte el 23 de septiembre de 1973.

El corresponsal se reunió con
este personaje el pasado 24 de abril en el puerto de San Antonio. La entrevista
se llevó a cabo en la casa del dirigente de los pescadores artesanales chilenos
Cosme Caracciolo, a quien Araya le pidió ayuda para develar un secreto que lo
ahogaba: “Lo único que quiero antes de morir es que el mundo sepa la verdad,
que Pablo Neruda fue asesinado”, asegura a Proceso.

Sólo el diario El Líder, de
San Antonio, dio cuenta parcial de su versión el 26 de junio de 2004. Pero no
trascendió por la poca influencia de este medio.

Araya afirma que siempre ha
querido que se haga justicia. Cuenta que el 1 de mayo de 1974 le propuso a
Matilde Urrutia, viuda de Neruda, aclarar esa muerte. Ambos fueron testigos de
sus últimas horas: durmieron, comieron y convivieron en la misma habitación a
partir del golpe del 11 de septiembre de 1973 y hasta la muerte del poeta, 12
días después, en la clínica Santa María de Santiago.

Pero Araya afirma que Matilde
-quien murió en enero de 1985- no quiso tomar acción alguna para fincar
eventuales responsabilidades. Según él, Urrutia le dijo: “Si inicio un juicio
me van a quitar todos los bienes”. Araya cuenta que en otra ocasión tuvieron
una discusión que marcó un quiebre final en su relación con la viuda. “Me dijo
que lo que había pasado era cosa de ella y no mía, porque yo ya había terminado
de laborar con Pablo, ya no era trabajador y no teníamos nada que ver”.

“Neruda quería que cuando
muriera, la casa de Isla Negra quedara para los mineros del carbón (…) Pero la
fundación (Pablo Neruda) se apropió de su obra y no ha concretado ninguno de
sus sueños. A ellos (los directivos de la fundación) sólo les interesa el dinero”,
espeta.

Afirma que hace dos años le
entregó a Jaime Pinos, entonces director de la Casa Museo de Isla Negra, de la
fundación, un relato sobre los últimos días del poeta. “Pero no han hecho nada
con esa información, ni siquiera la han dado a conocer. No quieren que la
verdad se sepa (…) Nunca me han dado la palabra en los actos que organizan ni
siquiera en las conmemoraciones de su muerte”.

Araya proviene de una familia
de campesinos de la hacienda La Marquesa, cerca de San Antonio. Cuando tenía 14
años fue acogido en Santiago por la dirigente comunista Julieta Campusano,
quien le dio trato de ahijado.

Este vínculo le ayudó, pues
Campusano llegó a ser senadora y la mujer más influyente del Partido Comunista,
y gestionó que Araya recibiera una preparación especial en seguridad e
inteligencia, entre otras materias. Araya escaló rápido. Fue mensajero personal
de Allende antes de fungir como principal asistente de Neruda.

Araya, quien hacía de chofer,
mensajero y encargado de seguridad de Neruda, acepta que el autor de Canto
general tenía cáncer de próstata, pero no cree que esa enfermedad lo matara.
Asegura que dicho padecimiento “estaba controlado” y que Neruda “gozaba de
buena salud, con los achaques propios de una persona de 69 años”.

“Abandonados”

Araya dice que después del
golpe del 11 de septiembre, Neruda, su mujer y el resto de los habitantes de la
casa de Isla Negra quedaron “solos y abandonados”. El contacto con el mundo
exterior se reducía a las noticias que les llegaban a través de una pequeña radio
que Neruda sintonizaba, a las esporádicas conversaciones telefónicas de un
aparato que sólo recibía llamadas y a lo que les contaban en la hostería Santa
Elena, cuya dueña “era de derecha y sabía todo lo que pasaba”.

Cuenta que el 12 de septiembre
llegó un jeep con cuatro militares. “Todos llevaban los rostros pintados de
negro. Yo salí a recibirlos. (…) El oficial me preguntó quiénes estaban en la
casa. Le tuve que decir que en ese momento estaban Cristina, la cocinera; la
hermana de ésta, Ruth; Patricio, que era jardinero y mozo; Laurita (Reyes,
hermana de Neruda); la señora Matilde, Pablito (Neruda) y yo.

“El oficial nos señaló que en
el domicilio no podía quedar nadie más que Neruda, Matilde y yo. Entonces
tuvimos que arreglárnoslas entre los tres: dormíamos en la recámara matrimonial
que estaba en el segundo piso. Yo dormía sentado en una silla, arropado con un
chal. Lo hacía para estar más cerca de Neruda, porque no sabíamos lo que nos
iba a pasar.”

El 13 de septiembre, cerca de
las 10 de la mañana, los militares allanaron la casa. Araya dice que eran como
40 soldados que venían en tres camiones. Iban armados con metralletas, con las
caras pintadas de negro y uniforme de camuflaje. Vestidos y pertrechados “como
si fueran a la guerra”.

Recuerda: “Entraban por todos
lados: por la playa, por los costados (…) Salí al patio para preguntar qué
querían. Hablé con el oficial que daba las órdenes. Me dijo que abriera todas
las puertas. Mientras revisaban, destruían y robaban, los militares preguntaban
si había armamento, si teníamos gente escondida adentro, si ocultábamos a
líderes del Partido Comunista (…) Pero no encontraron nada. Se fueron callados.
No pidieron ni perdón. Se sentían dueños y señores del sistema. Tenían el poder
en las manos”.

Añade que como a las tres de
la tarde, poco después de que se habían ido los soldados, llegaron marinos.
“Estuvieron más de dos horas. También allanaron la casa y robaron cosas.
Registraban con detectores de metales. (…) La señora Matilde me contó que el
mandamás de los marinos entró al dormitorio de Neruda y le dijo: ‘Perdón, señor
Neruda’. Y se fue”.

Araya recuerda que durante
varios días la marina puso un buque de guerra frente a la casa del poeta.
“Neruda decía: ‘Nos van a matar, nos van a volar’. Y yo le decía: ‘Si nos
tenemos que morir, yo voy a morir en la ventana primero que usted’. Lo hacía
para darle valor, para que se sintiera acompañado. Entonces le dijo a la señora
Matilde: ‘Patoja -que así la nombraba-: mire el compañero, no nos va a
abandonar, se va a quedar aquí’”.

Araya cuenta que
conversaciones de ese tipo tenían lugar en la pieza del matrimonio: ellos
acostados y él sentado a los pies de la cama. “Nos preguntábamos que haríamos
nosotros solos. Pensábamos que a Neruda lo iban a asesinar. Entonces, resolvimos
que la única opción era salir del país”.

El viaje

Araya narra que Neruda le dijo
que su plan era instalarse en México y una vez en ese país pedir “a los
intelectuales y a los gobiernos del mundo entero ayuda para derrocar a la
tiranía y reconstruir la democracia en Chile”.

Rememora: “Desde la hostería
Santa Elena -a menos de 100 metros de la casa de Isla Negra- nos comunicamos
con las embajadas de Francia y México. La de México se portó un siete (nota
máxima en el sistema educativo chileno). El embajador (Gonzalo Martínez
Corbalá) se movilizó para ayudarnos. Creo que el 17 de septiembre nos llamó
para decirnos que se había conseguido una habitación en la clínica Santa María.
Allí deberíamos esperar la llegada de un avión ofrecido por el presidente Luis Echeverría”.

El problema era trasladar al
poeta a la clínica. “Con Neruda y Matilde pensamos que la mejor y más segura
manera de llegar hasta allá era en una ambulancia. Mi misión era conseguirla.
Viajé a Santiago en nuestro Fiat 125 blanco y pude arrendar una ambulancia. (…)
Recuerdo que ofrecí como seis veces más de lo que me cobraban para asegurar que
efectivamente fueran a buscarnos. Acordamos que fueran el 19, porque ese día la
clínica tendría todo dispuesto para recibir a Pablito.

“Llega el 19 y solicitamos a
Tejas Verdes (el regimiento militar de la provincia de San Antonio) permiso
para trasladar a Neruda. Me dijeron: ‘No estamos dando salvoconductos, menos a
Neruda’. A pesar de la negativa decidimos partir. La ambulancia entró hasta la
puerta que daba a la escalera de su dormitorio. (…) Al salir se despidió de su
perrita Panda, se subió a la ambulancia y se acostó en la camilla. Neruda y
Matilde se fueron en la ambulancia. Yo los seguí muy de cerca en el Fiat.”

“El viaje fue triste, caótico
y terrible. Nos controlaban cada cuatro o cinco kilómetros, parecía imposible
llegar a nuestro destino. Imagínese que salimos a las 12:30 y llegamos a las
18:30 a la clínica (distante poco más de 100 kilómetros de Isla Negra).

“En Melipilla fue el control
más maldito. Allí Neruda vivió el momento más terrible. (…) Los militares lo
bajaron de la ambulancia y le registraron el cuerpo y la ropa. Decían que
buscaban armas. Él pedía clemencia, decía que era un poeta, un premio Nobel,
que había dado todo por su país y que merecía respeto. Para ablandar sus
corazones les decía que iba muy enfermo, pero las humillaciones continuaban. En
un momento lloramos los tres tomados de la mano porque creíamos que así iba a
ser nuestro fin.”

Finalmente la ambulancia llegó
a la clínica tres horas más tarde de lo acordado. “Como llegamos muy cerca de
la hora del toque de queda, no pudimos hacer nada más que quedarnos todos en la
clínica a dormir (…)

“El embajador Martínez Corbalá
fue a vernos al día siguiente. Y también el francés, que nunca supe cómo se
llamaba. También recibimos la visita de Radomiro Tomic y Máximo Pacheco
(dirigentes democratacristianos), de un diplomático sueco, y de nadie más.”

La inyección misteriosa

Araya dice que los primeros días
en la clínica transcurrieron sin sobresaltos. El 22 de septiembre, la embajada
de México avisó que el avión dispuesto por su gobierno tenía programado salir
de Santiago rumbo a México el 24 de septiembre. Le comunicó además que el
régimen militar había autorizado su salida.

“Entonces Neruda nos pidió a
mí y a Matilde que viajáramos a Isla Negra a buscar sus cosas más importantes,
entre éstas sus memorias inconclusas. Creo que eran Confieso que he vivido. Al
día siguiente -23 de septiembre- partimos temprano hacia la casa de Isla Negra.
(…) Dejamos a Neruda muy bien en la clínica, acompañado por su hermana Laurita,
que llegó ese día a acompañarlo.”

Asegura que Neruda estaba “en
excelente estado, tomando todos sus medicamentos. Todos eran pastillas, no había
inyecciones. Nosotros nos preocupamos de recoger todo lo que nos indicó.
Estábamos en eso cuando Neruda nos llamó como a las cuatro de la tarde a la
hostería Santa Elena, donde le dieron el recado a Matilde, quien devolvió la
llamada. Neruda le dijo: ‘Vénganse rápido, porque estando durmiendo entró un
doctor y me colocó una inyección’.

“Cuando llegamos a la clínica,
Neruda estaba muy afiebrado y rojizo. Dijo que lo habían pinchado en la guata
(el estómago) y que ignoraba lo que le habían inyectado. Entonces le vemos la
guata y tenía un manchón rojo.”

Araya recuerda que momentos
después, cuando se estaba lavando la cara en el baño, entro un médico que le
dijo: “Tiene que ir a comprarle urgente a don Pablo un remedio que no está en
la clínica”.

Fue a comprar el medicamento y
Neruda se quedó con Matilde y Laurita. “En el trayecto me siguieron sin que yo
me diera cuenta. El médico antes me había dicho que el medicamento no se
encontraba en el centro de Santiago, sino en una farmacia de la calle Vivaceta
o Independencia. Cuando salí por Balmaceda para entrar a Vivaceta aparecieron
dos autos, uno por detrás y otro por delante. Se bajaron unos hombres y me
pegaron puñetazos y patadas. No supe quiénes eran. Me cachetearon harto y luego
me pegaron un balazo en una pierna.

“Después de todo lo que me
pegaron terminé muy mal herido en la comisaría Carrión, que está por Vivaceta
con Santa María. Luego me trasladaron al estadio Nacional donde sufrí severas
torturas que me dejaron a un paso de la muerte. El cardenal Raúl Silva
Henríquez logró sacarme de ese infierno. Por eso estoy vivo.”

Neruda murió a las 22:00 horas
en su habitación -la número 406- de la clínica Santa María.

Consultado por Proceso, el
director de archivos de la Fundación Neruda, Darío Oses, dio a conocer la
posición de esta institución respecto de la muerte del poeta:

“No hay una versión oficial
que maneje la fundación. Ésta se atiene a los testimonios de personas cercanas
a Neruda en el momento de su muerte y de biógrafos que manejaron fuentes
confiables. Hay bastantes coincidencias entre las versiones de Matilde Urrutia
en su libro Mi vida junto a Pablo, la de Jorge Edwards en Adiós poeta y la de
Volodia Teitelboim en su biografía Neruda.

La causa de muerte fue el
cáncer. Uno de los médicos que lo trataba, al parecer el doctor Vargas Salazar,
le había advertido a Matilde que la agitación que le producía al poeta el
enterarse de lo que estaba ocurriendo en Chile en ese momento podía agravar su
estado. A esta situación también contribuyeron el allanamiento de su casa (…) y
el traslado en ambulancia (…) con controles y revisiones militares en el
camino.”

Pero Manuel Araya dice no
tener duda alguna: “Neruda fue asesinado”. Y sostiene que la orden vino de
Augusto Pinochet: “¿De qué otra parte iba a salir?”.

Consejos para Allende

Francisco Marín

VALPARAÍSO, CHILE.- El
presidente chileno Salvador Allende era el visitante más asiduo de Pablo Neruda
en su casa de Isla Negra. “Cuando iba, Allende siempre le pedía consejos al
poeta porque éste era muy sabio en política”, sostiene Manuel Araya Osorio,
exasistente personal de Neruda.

Recuerda, por ejemplo, los
consejos que Neruda le dio a Allende sobre las fuerzas armadas en las semanas
previas al cuartelazo, cuando el 23 de agosto de 1973 la derecha y los
militares golpistas forzaron la renuncia del general Carlos Prats González,
comandante en jefe del ejército.

“Tenemos que descabezar a las
fuerzas armadas… Los de nosotros hacia acá y los otros hacia un lado”, le decía
Neruda al presidente.

Araya lamenta que El Chicho (Allende)
no le hiciera caso al poeta en este tema. “Si lo hubiera hecho, la historia
habría sido bien diferente. Otro gallo hubiera cantado, todavía estaríamos en
el poder”, dice convencido.

Y cuenta que el 10 de
septiembre de 1973 -un día antes del golpe militar- Neruda le pidió que viajara
a Santiago para entregarle un mensaje al presidente Allende. Se trataba de una
invitación a la inauguración de Cantalao, el refugio para la inspiración y el
descanso de los poetas, que sería precisamente el 11 de septiembre.

En entrevista con Proceso,
Mario Casasús, estudioso de la vida de Neruda y corresponsal en México de El
Clarín de Chile, dice que Neruda había escrito los estatutos de la fundación
Cantalao. A ésta traspasaría los terrenos de la casa de los poetas del mismo
nombre, que están muy cerca de su casa de Isla Negra.

Araya afirma que Allende lo
recibió en su despacho. “Estaba caminando, parecía nervioso. Leyó la nota de
Neruda e inmediatamente redactó una respuesta. Sin leerla me la guardé en un
bolsillo. (…) No tengo idea lo que decía ese mensaje, pero el presidente me
dijo: ‘Dígale al compañero (Neruda) que mañana yo voy a ir a la Universidad
Técnica (donde anunciaría la realización de un plebiscito) y que posiblemente
haya ruidos de sables este 11 de septiembre’”.

Dice que Neruda, al conocer el
mensaje, se quedó muy preocupado porque entendía el curso que estaban tomando
los acontecimientos. “Esa noche casi no durmió”.

Ese 11 de septiembre “nosotros
quedamos completamente abandonados y solos” afirma Araya. “La muerte del
presidente Salvador Allende afectó mucho a don Pablo. Sin embargo él se sentía
con la fuerza y entereza necesaria para seguir luchando por lo que creía
justo”.

“Las noticias emitidas por los
medios de comunicación nacionales eran manipuladas por el régimen militar.
Sabíamos que eran falsas, que todo era mentira.”

Araya narra que Neruda se
deprimió mucho. Él le pidió que no se pusiera triste. “Le dije que los
militares en un mes le iban a entregar el poder a la Democracia Cristiana”.

Neruda le replicó: “No
compañero, esto va a durar muchos años, como ocurrió en España. Yo conozco la
historia, usted no sabe de golpes de Estado”.

Francisco Marín / Proceso

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