Despertar Nacional

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SIRIA Intervención humanitaria en Siria, hace 150 años

Actualidad de la Historia
Intervención humanitaria en Siria, hace 150 años
por Pascal Herren
¿Intervención humanitaria en Siria? El pretexto humanitario ya fue invocado anteriormente, en 1860… precisamente por Francia, para intervenir militarmente en Siria, que en aquella época era una provincia del Imperio Otomano. Desde Ginebra, el estudioso Pascal Herren pasa en revista, en este artículo, las verdaderas intenciones de la Francia de Napoleón III, tan inconfesables como las de la Francia sarkozista u hollandista. Y recuerda además las consecuencias, nefastas, que sufrieron entonces los pueblos de la región.
Red Voltaire| Ginebra (Suiza)| 12 de diciembre de 2012

FUENTE: RED VOLTAIRE NET
http://www.voltairenet.org/article176927.html
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El 16 de agosto de 1860 un cuerpo expedicionario francés desembarca en Beirut. Según Napoleón III, los militares franceses van «restablecer el orden» en Siria, que por aquel entonces es una provincia otomana. Mencionada hoy como «primera manifestación del derecho de injerencia humanitaria», aquella intervención militar sirvió en realidad para acentuar el dominio económico de Francia sobre la región.
Mucho se habla en los últimos tiempos de una intervención humanitaria en Siria como medio de poner fin a los sufrimientos que desde 2011 ha venido soportando la población afectada por los combates entre el régimen y la oposición armada, combates cuya responsabilidad se atribuye principalmente –con razón o sin ella– al bando gubernamental.
Esa acción de socorro implicaría, por lo tanto, el derrocamiento del actual régimen. Incluso parece que ya empezó a implementarse desde hace meses, de forma indirecta, con la entrega de armamento a los rebeldes y con el envío a Siria de agentes y de grupos de combatientes extranjeros. Sin embargo, recurrir al uso de la fuerza en territorio de un país extranjero sin el consentimiento de las autoridades establecidas constituye una violación del principio de soberanía de los Estados reconocido en la Carta de la ONU. El empleo de la fuerza entre los Estados está prohibido, exceptuando únicamente los casos de legítima defensa o de una acción colectiva aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU.
En 1968, la Corte Internacional de Justicia [de La Haya] condenó el apoyo militar de la administración Reagan a los Contras que trataban de derrocar el poder sandinista en Nicaragua. Washington acusaba al régimen nicaragüense de haber cometido atrocidades, pero la Corte [de La Haya] precisó incluso que ese tipo de apoyo [militar] no era el medio apropiado para garantizar el respeto de los derechos humanos.
Esos obstáculos jurídicos no han impedido la realización de operaciones unilaterales, oficialmente motivadas por razones altruistas, una práctica que se ha desarrollado, por ejemplo, con el bombardeo contra la antigua Yugoslavia durante la crisis de Kosovo –en 1999– y la invasión de Irak –en 2003. El más reciente ejemplo de esa práctica fue la acción emprendida contra Libia en 2011, acción sobre la cual varios Estados señalaron que fue más allá de lo que permitía la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.
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El 17 de noviembre de 2012, el presidente francés Francois Hollande recibe en París al jefe de la «Coalición Nacional de Fuerzas de la Oposición y de la Revolución», fabricada en Doha menos de una semana antes. A pesar de su larguísimo nombre, el nuevo bebé de las naciones occidentales y las monarquías del Golfo no ha logrado unificar la oposición siria, pero su existencia ya sirvió de pretexto para el desembolso, por parte de Francia, de 1,2 millones de euros de «ayuda humanitaria de urgencia». Y los sables se mantienen en alto.
La fundamentación de esas intervenciones unilaterales se basa en una norma de tipo superior, universal: el deber de proteger la vida de cualquier población contra toda amenaza de carácter masivo que pese sobre ella. Pero ese principio, perfectamente legítimo, depende enteramente de la buena voluntad de quien realiza la intervención. ¿Cómo garantizar que el que interviene no utilice el inmenso poder que se arroga al recurrir a la violencia hacia otro Estado para perseguir objetivos que serían censurables? La historia está llena de guerras «justas» que terminaron muy mal para los pueblos implicados. Ya en 1758, el gran jurista Emer de Vattel denunciaba el yugo que los conquistadores imponían a los indios de las Américas con el pretexto de liberarlos.
Los especialistas en el tema han buscado por mucho tiempo un ejemplo de acción de ese tipo realizada por una potencia interventora irreprochable. Y por mucho tiempo creyeron haberlo encontrado en la expedición realizada en 1860 en la provincia otomana de Siria, que entonces incluía el actual Líbano [1]. Durante los meses que van de mayo a agosto de aquel año, entre 17 000 y 23 000 personas, mayoritariamente cristianos, fueron masacradas en el llamado Monte Líbano y en Damasco en medio de enfrentamientos intercomunitarios. En Europa, la noticia causó conmoción en la opinión pública. Las autoridades otomanas fueron acusadas de haber estimulado, e incluso de haber participado, en los excesos cometidos por las milicias drusas en la región de Monte Líbano y por los amotinados en Damasco. Napoleón III decide entonces el envío de un cuerpo expedicionario de 6 000 hombres para poner fin al «baño de sangre», con la aprobación de las demás potencias europeas. Las tropas francesas se mantienen menos de un año en la región y se retiran después del restablecimiento de la calma y luego de implantar una reorganización administrativa a la que se atribuye haber mantuvo la concordia civil hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Aún hoy, algunos de los juristas que más se oponen al reconocimiento de un derecho de intervención humanitaria aceptan, sin embargo, que la acción de 1860 pudiera ser la única «verdadera» intervención humanitaria del siglo XIX.
Pero un análisis más profundo nos muestra que los problemas intercomunitarios que estallan en 1860 eran también exacerbados por el sistema de clientelas practicado en aquella época por las potencias europeas hacia las minorías locales. Hay que señalar además que los intereses en juego son enormes en ese momento, con el reparto de las provincias de un Imperio Otomano en plena desintegración, [provincias] que los amos de Europa se disputan entre sí. Y Siria se halla precisamente en medio de la estratégica ruta que conduce a la India, la joya del Imperio británico. Francia no esconde por entonces su interés por esa región, rica en posibilidades comerciales, mientras que Rusia trata desde hace tiempo de extender su territorio hacia el sur. Y para lograr sus propios objetivos cada una de esas potencias apoya a alguna comunidad local, para utilizarla a su favor: los franceses se convierten en protectores de los católicos católicos, los rusos defienden a los ortodoxos y los británicos apadrinan a los drusos.
Durante el periodo posterior a la intervención de 1860, Francia acentúa su control económico sobre el Líbano, a tal punto que en 1914 el trabajo del 50% de la población activa libanesa depende de la industria francesa de producción de seda. Un sector [ocupacional] que se derrumba como resultado de la decisión de la industria francesa de independizarse de sus proveedores libaneses, que pierden así sus medios de subsistencia.
Un año más tarde, en 1915, los aliados británicos y franceses organizan el bloqueo de las costas sirias, impidiendo así la llegada de alimentos a esa región altamente dependiente de las importaciones de cereales. El objetivo es lograr que las provincias árabes se subleven en contra del poder central de Estambul, que ya participa en la Primera Guerra Mundial al lado de la Alemania de Guillermo II. El resultado es una hambruna sin precedentes que cuesta 200 000 vidas en el centro y el norte de la región del Monte Líbano y 300 000 vidas más en Siria.
En 1840, Francois Guizot, en aquel entonces embajador de Francia en Londres, resumía de la siguiente manera los cálculos geopolíticos que predominaban entonces en las cortes europeas y que, en su opinión, motivaban la política del ministro británico de Relaciones Exteriores Lord Palmerston: «Allá, en el fondo de algún valle, en la cúspide de alguna montaña del Líbano, hay maridos, mujeres, niños, que se quieren y que ríen, pero que serán masacrados mañana porque Lord Palmerston, a bordo del Railway de Londres, se dice a sí mismo: “Siria tiene que sublevarse. Yo necesito que Siria se subleve. Si Siria no se subleva, I am a fool.”»
Pascal Herren

SIRIA La batalla de Damasco ha comenzado

Siria
La batalla de Damasco ha comenzado
La batalla de Damasco ha comenzado
por Thierry Meyssan
Los potencias occidentales y los países del Golfo han emprendido la operación de guerra secreta más importante que se haya visto desde la de los Contras, en Nicaragua. El objetivo de la batalla de Damasco no es el derrocamiento del presidente Bachar al-Assad sino quebrar el Ejército Árabe Sirio para garantizar la dominación de Israel y Estados Unidos en el Medio Oriente. Mientras la ciudad se prepara para un nuevo asalto de los mercenarios extranjeros, Thierry Meyssan pasa en revista la situación.
Red Voltaire | Damasco (Siria) | 19 de julio de 2012
FUENTE: RED VOLTAIRE NET
http://www.voltairenet.org/La-batalla-de-Damasco-ha-comenzado

Provenientes del extranjero, los Contras tomaron varios puestos fronterizos al comienzo de su invasión contra Siria.
Hace ya 5 días que Washington y París dieron inicio a la operación «Volcán de Damasco y terremoto de Siria». No se trata esta vez de una campaña de bombardeos aéreos sino de una operación de guerra secreta comparable a desarrollada en Centroamérica en tiempos de la administración Reagan.
Entre 40 y 60,000 Contras, principalmente libios, han entrado en el país en varios días, esencialmente a través de la frontera jordana. La mayoría están vinculados con el Ejército «Sirio» Libre, estructurado bajo las órdenes de Turquía para servir de pantalla a las operaciones secretas de la OTAN. Algunos son miembros de grupos de fanáticos, entre ellos al-Qaeda, creados bajos las órdenes de Qatar y de una facción de la familia real de Arabia Saudita: los Sudairis. Se apoderaron a su paso de varios puestos fronterizos, antes de llegar a la capital, donde sembraron la confusión atacando al azar los objetivos que encontraban a su paso: como grupos aislados de policías o de militares.

Los generales Hassan Turkmani, Daud Rajha y Assef Chawkat, muertos en un atentado el 18 de julio de 2012.
En la mañana del miércoles, una explosión destruyó la sede de la Seguridad Nacional, donde se reunían varios miembros del Consejo de Seguridad Nacional. La explosión costó la vida al general Daud Rajha, ministro de Defensa; al general Assef Chawkat, ministro adjunto; y al general Hassan Turkmani, adjunto del vicepresidente de la República. Se desconoce aún el modo exacto en que fue realizada la operación. Podría tratarse de un atentado suicida o de un ataque realizado con un avión sin piloto.
Washington esperaba que la decapitación parcial del aparato militar sirio condujese a varios oficiales superiores a desertar con sus tropas, o sea a volverse contra el gobierno civil. Pero no ha sido así. El presidente Bachar al-Assad firmó inmediatamente las nominaciones de los sucesores de los fallecidos, garantizando así a la perfección la continuidad del Estado.
En París, Berlín y Washington, los mismos que ordenaron la operación se han entregado además a una sucia maniobra que consiste en condenar el acto terrorista a la vez que confirman su apoyo político y logístico militar a los terroristas que lo cometieron. De forma totalmente desvergonzada concluyeron que los responsables de los asesinatos no son los realizadores del atentado sino las propias víctimas, por haberse negado a dimitir bajo la presión de esos mismos gobiernos y por no haber aceptado entregar su patria a los apetitos occidentales.
Caracas y Teherán han expresado sus condolencias a Siria, subrayando que el ataque fue ordenado y financiado por las potencias occidentales y los países del Golfo. Moscú también expresó sus condolencias y observó que el pedido de sanciones contra Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU constituye un respaldo político a los terroristas que atacan ese país.

El ministro de Información, Omran al-Zou’bi, se expresa ante las cámaras de la televisión siria después del atentado que decapitó parcialmente el Ejército Árabe Sirio.
Los canales de la televisión siria comenzaron a transmitir cantos patrióticos e imágenes del ejército. Interrumpiendo la programación, el ministro de Información, Omran al-Zou’bi, lanzó un llamado a la movilización de toda la ciudadanía. No es momento para querellas entre gobierno y oposición. La Nación está enfrentando una agresión externa. Recordando el artículo que publiqué en Komsomolskaya Pravda, donde describía la operación mediática de desmoralización preparada por los canales occidentales y del Golfo [1], el ministro alertó a sus conciudadanos sobre el inminente comienzo de dicha operación. Posteriormente desmintió las falacias de los canales del Golfo sobre un supuesto motín en la 4ª división y sobre una serie de explosiones que habrían destruido el cuartel principal de dicha división.
Los canales nacionales sirios han transmitido varias veces por hora las indicaciones necesarias para que los telespectadores sirios puedan captar sus programas a través del satélite Atlantic Bird, en caso de que se interrumpiera su transmisión a través de los satélites ArabSat y NileSat.
En Líbano, Hassan Nasrallah recordó la hermandad de armas existente entre el Hezbollah y Siria, forjada en la lucha contra el expansionismo sionista, y garantizó su respaldo al Ejército Árabe Sirio.
El atentado fue la señal de inicio para la segunda parte de la operación. Los grupos armados infiltrados en la capital se lanzaron al ataque de diversos objetivos, de forma más o menos selectiva. Por ejemplo, un centenar de Contras atacaron la casa próxima a mi apartamento al grito de ¡Alá Akbar! Un alto responsable militar reside en el lugar. Hubo 10 horas de combate ininterrumpido.
Al caer la noche, el ejército respondía con discreción a los ataques de los Contras. Posteriormente, se dio la orden de responder a los atacantes lo más enérgicamente posible. No se trataba ya de luchar contra terroristas que venían a desestabilizar Siria. La nueva misión era enfrentar una inconfesable invasión extranjera y proteger la patria en peligro.
La aviación entró entonces en acción para destruir las columnas de mercenarios que tratan de alcanzar la capital.
Al final de la mañana, la calma se restablecía progresivamente en la ciudad. Los Contras y sus colaboradores se veían obligados a retirarse. Se restablecía la circulación en las carreteras y las grandes arterias y se instalaban barreras para filtrar el tránsito en el centro de la ciudad. La vida volvía a su curso cotidiano, aunque aún podían escucharse disparos aislados en diversos lugares. La mayoría de los comercios permanecían cerrados y largas colas podían verse ante las panaderías.
Se piensa que el asalto final puede tener lugar durante la noche del jueves al viernes y durante la jornada del propio viernes. Es indudable que el ejército nacional sirio saldrá nuevamente victorioso ya que tiene a su favor la correlación de fuerzas. Se trata además de un ejército de reclutas que goza del apoyo de la población, e inclusive el respaldo de la oposición política interna.
Conforme a lo previsto, los satélites ArabSat y NileSat desconectaron durante la tarde la señal del canal sirio de televisión Ad-Dounia. La CIA pirateó la cuenta de Ad-Douni en Twitter para transmitir mensajes falsos que anunciaban una retirada del ejército nacional sirio.
Los canales de televisión del Golfo anunciaron un derrumbe de la moneda siria, como preludio de la supuesta caída del Estado. El gobernador del Banco Central, Adib Mayaleh, se presentó ante las cámaras de la televisión siria para desmentir la nueva intoxicación y confirmar que la tasa de cambio sigue siendo de 68,30 libras sirias por un dólar estadounidense.

Conferencia de prensa del general Robert Mood sobre la batalla de Damasco, que él mismo observa desde… las ventanas de su hotel.
Se desplegaron refuerzos en los alrededores de la plaza de los Omeyas, para proteger los estudios de la televisión estatal, que todos los enemigos de la libertad consideran un objetivo prioritario. Se han instalado estudios auxiliares en el hotel Rosa de Damasco, donde pasan cómodamente su tiempo los observadores de la ONU. La presencia de estos observadores militares de la ONU, que no han permitido que el ataque contra la capital interrumpa su farniente, sirve de facto de protección a los periodistas sirios que arriesgan sus vidas para mantener informados a sus conciudadanos.
En el Consejo de Seguridad de la ONU, la Federación Rusa y China recurrieron por tercera vez al veto ante una proposición de resolución en la que los países occidentales y las monarquías del Golfo trataban de abrir el camino a una intervención militar internacional. Los representantes de Rusia y China ante el Consejo de Seguridad han denunciado incansablemente la propaganda tendiente a presentar como una revuelta ahogada en sangre lo que en realidad es una agresión exterior contra el Estado sirio.
Se estima que la batalla de Damasco puede reanudarse esta noche.
Thierry Meyssan

SIRIA Mentiras y verdades sobre Siria

Guerra mediática

Mentiras y verdades sobre Siria
por Thierry Meyssan
Hace 8 meses que los dirigentes occidentales y ciertos medios públicos de difusión vienen haciendo campaña a favor de una guerra contra Siria. Las acusaciones extremadamente graves que vienen lanzando contra Bachar el-Assad intimidan a quienes se preguntan si sería justo o no desencadenar une nueva intervención militar. Pero, ¿intimidan a todos? No. Con el respaldo de la Red Voltaire, algunos han venido a verificar los hechos sobre el terreno y han podido comprobar la verdadera envergadura de la propaganda de la OTAN. Thierry Meyssan hace un balance del estado de la guerra mediática.
Red Voltaire | Damasco (Siria) | 29 de noviembre de 2011
FUENTE: VOLTAIRE NET ORG
http://www.voltairenet.org/Mentiras-y-verdades-sobre-Siria

Formado, endoctrinado en París y bajo la protección de Francia, el Consejo Nacional Sirio pretende derrocar el régimen del presidente Bachar el-Assad. El presidente de dicho Consejo es Burhan Ghaliun, profesor de sociología en la universidad de la Sorbona (en la foto, junto a Alain Juppé, el 23 de noviembre de 2011).
En 1999, durante la guerra de Kosovo, la Red Voltaire expresó su indignación sobre el hecho que Francia participara en la guerra junto a la OTAN sin que se realizara un voto al respecto en la Asamblea Nacional y con la silenciosa complicidad de los presidentes de los grupos parlamentarios. Señalamos entonces que la negativa del presidente de la República y del primer ministro a organizar un verdadero debate permitía presagiar la opacidad que rodearía la conducción de la guerra.
También tomamos entonces la iniciativa de publicar un boletín cotidiano sobre el conflicto. La OTAN destruyó de inmediato los sitios web del gobierno serbio impidiéndonos así tener acceso a la versión serbia sobre los hechos. Para remediar esa carencia nos suscribimos a las agencias de prensa de la región (las de Croacia, Bosnia, Grecia, Chipre, Turquía, Hungría, etc.).
Durante todo el conflicto ofrecimos un resumen diario de la conferencia de prensa que ofrecía la OTAN en Bruselas y también un resumen de los testimonios de los periodistas de países vecinos; países que, habían tenido a veces graves diferencias con Serbia, pero cuyos gobiernos narraban los hechos de la misma manera. A medida que iba pasando el tiempo, la versión de la OTAN y la de los periodistas locales fueron separándose, hasta que llegó el momento en que ya no tenían nada en común.
Al final eran ya dos historias radicalmente diferentes. No teníamos cómo saber quién mentía o si una de las dos partes estaba diciendo la verdad. Nuestros lectores tenían la impresión de estar volviéndose esquizofrénicos, sobre todo si se tiene en cuenta que los medios de prensa de Europa occidental sólo repetían la versión de la OTAN y que, por lo tanto, nuestros lectores sólo tenían dos versiones paralelas cuando nos leían a nosotros.
Proseguimos esa línea de trabajo a lo largo de los 3 meses de duración de los combates. Cuando por fin cesó el tronar de las armas, los colegas y amigos que pudieron entonces viajar a los lugares de los hechos comprobaron con estupor que no hubo «propaganda de ambas partas».
No, la versión de la OTAN era enteramente falsa mientras que la de los periodistas locales era enteramente real. Durante los siguientes meses informes parlamentarios de varios países miembros de la OTAN permitieron comprobar los hechos. Varios libros fueron publicados sobre el método concebido por el consejero de prensa de Tony Blair, método que permitió a la OTAN manipular a toda la prensa occidental y que se conoce como «story telling».
Se puede intoxicar a todos los periodistas occidentales y esconderles los hechos si se les cuenta un cuento de niños, a condición de no interrumpir jamás la narración, de cargarla con referencias capaces de despertar lejanas reminiscencias y de mantener su coherencia.
No tuve entonces el reflejo de irme rápidamente a Serbia antes de que estallara la guerra y ya no pude hacerlo cuando comenzó el tronar de las armas. Pero en este momento, amigo lector, me encuentro en Siria, donde he tenido tiempo de investigar como es debido y desde allí escribo este artículo. Es por lo tanto con conocimiento de causa que afirmo aquí que la máquina de propaganda de la OTAN se ha puesto nuevamente en marcha en el caso de Siria, como anteriormente sucedió en Serbia.
La OTAN está contando una historia que no tiene nada que ver con la realidad y lo hace con ánimo de justificar una «intervención militar humanitaria», al estilo del oxímoron blairiano. Y ahí termina el paralelismo: Slobodan Milosevic era un criminal de guerra que nos presentaron como un autor de crímenes contra la humanidad para justificar el desmembramiento de su país; Bachar el-Assad es un combatiente de la resistencia antiimperialista y antisionista que apoyó al Hezbollah cuando el Líbano fue agredido y que además respalda al Hamas y a la Yihad islámica en su lucha por la liberación de la patria palestina.
Cuatro mentiras de la OTAN
1. Según la OTAN y sus aliados del Golfo, masivas manifestaciones vienen desarrollándose en Siria desde hace 8 meses en demanda de más libertades y del retiro del presidente Bachar el-Assad.
Falso. Sólo en algunas ciudades, y al llamado de predicadores sauditas y egipcios a través de Al-Jazzera, se produjeron algunas manifestaciones contra el presidente Bachar el-Assad y lo cierto es que esas manifestaciones reunieron, cuando más, un total de 100 000 personas. En dichas manifestaciones no se pedía más libertad sino la instauración de un régimen islámico. Si se exigía la dimisión del presidente al-Assad no era por causa de su política sino porque los manifestantes apoyaban una corriente sectaria del sunnismo, la corriente takfiri, y afirman que Bachar el-Assad es un hereje –porque es alauita– sin derecho por lo tanto a ejercer el poder en un país musulmán que, según la corriente takfiri, sólo puede ser gobernado legítimamente por un sunnita perteneciente a la misma escuela teológica que la corriente takfiri.
2. Según la OTAN y sus aliados del Golfo, el «régimen» respondió a las manifestaciones dispersando a las multitudes con el uso de municiones de guerra, lo cual habría provocado al menos 3 500 muertos en lo que va de año.
Falso. En primer lugar, es imposible reprimir manifestaciones que nunca han tenido lugar. Además, desde el principio mismo de los incidentes, las autoridades comprendieron que el objetivo era provocar enfrentamientos de índole confesional en un país donde el laicismo ha sido la columna vertebral del Estado desde el siglo VIII. Así que el presidente Bachar el-Assad prohibió a las fuerzas de seguridad, a la policía y el ejército, el uso de armas de fuego en cualquier circunstancia en la que existiese la más mínima posibilidad de herir a civiles. Su objetivo es impedir que la existencia de heridos o muertos de tal o más cual confesión pueda servir de pretexto para justificar una guerra confesional. Las fuerzas de seguridad están aplicando esas instrucciones presidenciales al pie de la letra, incluso, como veremos más adelante, al precio de poner en peligro las vidas de sus propios miembros. En cuanto a la cantidad de muertos, en realidad son la mitad de la suma mencionada. Y la mayoría no son civiles sino soldados y policías, lo cual pude comprobar personalmente en el transcurso de mis visitas a hospitales y morgues civiles y militares.
3. Cuando logramos romper el muro del silencio y que numerosos medios de prensa reconocieran la presencia en Siria de escuadrones de la muerte provenientes del exterior que asesinan civiles en las ciudades y tienden emboscadas al ejército, la OTAN y sus aliados del Golfo empezaron a hablar de un ejército de desertores. Según la OTAN y sus cómplices del Golfo, hubo militares (no policías) que recibieron órdenes de disparar contra la gente por lo que decidieron rebelarse y conformar un ejército sirio libre, que ya contaría con 1 500 hombres.
Falso. Sólo se han producido unas pocas decenas de deserciones y los desertores han huido a Turquía, donde están bajo las órdenes de un oficial miembro del clan de Rifaat el-Assad y Abdel Hakim Khaddam, públicamente vinculado a la CIA. Lo que sí existe es un creciente número de jóvenes que se niegan a hacer el servicio militar, a menudo debido a presiones de sus familiares más que por decisión propia, ya que los militares que caen en una emboscada no tienen derecho a defenderse haciendo uso de sus armas si se hallan civiles en el lugar. Así que los militares tienen que estar dispuestos a sacrificar sus propias vidas si no tienen cómo escapar a sus agresores.
4. Según la OTAN y sus aliados del Golfo, el ciclo revolución/represión ha cedido su lugar a un principio de «guerra civil». Atrapados en esa circunstancia, 1,5 millones de sirios estarían siendo víctimas del hambre. Sería por lo tanto conveniente organizar «corredores humanitarios» para permitir el envío de alimentos y la huida de los civiles que deseen abandonar las zonas de combate.
Falso. En relación con el número y la crueldad de los ataques perpetrados por los escuadrones provenientes del exterior, los desplazamientos de población son poco numerosos. Siria es un país autosuficiente en el plano agrícola y la producción no ha disminuido significativamente. Sí existen, en cambio, frecuentes interrupciones de la circulación a través de las carreteras en las que se producen la mayoría de las emboscadas. Además, al producirse algún ataque dentro de una ciudad, los comerciantes cierran de inmediato sus establecimientos. Esto ha venido ocasionando graves problemas de distribución, incluso en lo tocante a la alimentación. Pero ni siquiera son esas las verdaderas causas del problema. Son las sanciones económicas las que están provocando un desastre. Siria, país que a lo largo del decenio había registrado una tasa anual de crecimiento del 5%, ya no puede vender sus hidrocarburos a Europa occidental y su industria turística está siendo gravemente afectada. Mucha gente ha perdido así sus empleos y sus ingresos y se ve por lo tanto obligada a economizar en todos los aspectos. El gobierno está haciéndose cargo de esas personas y está distribuyendo gratuitamente combustible (para la calefacción) y alimentos. Lo cierto es que, ante tal situación, hay que decir que sin la ayuda del gobierno de el-Assad, 1,5 millones de sirios serían hoy víctimas de la desnutrición por causa de las sanciones de los países occidentales.
En definitiva, aunque nos encontramos aún en una etapa de guerra no convencional, con envío de mercenarios y de fuerzas especiales para desestabilizar el país, la narración que ofrecen la OTAN y sus aliados del Golfo ya se aleja considerablemente de la realidad. Y el abismo entre esa imagen y la realidad de los hechos ira acentuándose cada vez más. En lo que a usted concierne, amigo lector, al no hallarse usted en el lugar de los hechos, no tiene razón alguna para confiar en mí más que en la OTAN. Pero sí existen, sin embargo, algunos indicios que pueden indicarle cómo orientarse.

Bernard-Henry Levy, quien se jacta de haber impulsado a Francia a implicarse en la guerra contra Libia en interés de Israel, anuncia en el diario francés Le Parisien que tiene una lista de objetivos.
Cuatro evidencias que la OTAN se empeña en ocultar
1. Sería lógico creer que las acusaciones sobre la supuesta represión y la cantidad de víctimas han sido objeto de la más cuidadosa comprobación. Pero no es así. Todos los datos al respecto provienen de una sola fuente: el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede… en Londres, cuyos responsables se escudan tras el más estricto anonimato. ¿Qué valor pueden tener esas graves acusaciones si no se confrontan con los informes de otras fuentes? ¿Por qué instituciones como la Oficina del Alto Comisario de la ONU para los Derechos Humanos se hacen eco de tales acusaciones sin tomarse el trabajo de comprobar su veracidad?
2. Rusia y China recurrieron al veto contra un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que abría el camino a una intervención militar internacional. Los responsables políticos de la OTAN nos explican, apenados, que los rusos están protegiendo su base naval militar del puerto sirio de Tartus y que los chinos son capaces de cualquier cosa con tal de obtener unos cuantos barriles de petróleo. ¿Debemos aceptar el concepto maniqueo de que Washington, Londres y París hacen gala de buenos sentimientos mientras que Moscú y Pekín son esencialmente egoístas e insensibles al martirio de un pueblo? ¿Es posible no darnos cuenta de que Rusia y China tienen muchos menos interés en defender Siria que los países occidentales en destruirla?
3. Resulta ciertamente extraña la composición de la coalición de estos países supuestamente bien intencionados. ¿Podemos acaso pasar por alto el hecho que los dos principales contribuyentes de la Liga Árabe y promotores de la «democratización» en Siria son precisamente Arabia Saudita y Qatar, dos dictaduras al servicio de Estados Unidos y de Gran Bretaña? ¿Podemos acaso dejar de preguntarnos si los mismos países occidentales que acaban de destruir sucesivamente Afganistán, Irak y Libia –donde ya demostraron lo poco que les importa la vida humana– son realmente honestos cuando enarbolan el estandarte humanitario?
4. Y ante todo, para no dejarnos manipular en cuanto a los acontecimientos en Siria, es esencial ponerlos en su contexto. Para la OTAN y sus aliados del Golfo –cuyos ejércitos ya invadieron Yemen y Bahrein ahogando allí en sangre las manifestaciones– la «revolución siria» es la prolongación de la «primavera árabe», según la cual los pueblos de la región aspiran a la democracia de mercado y al confort del American Way of Life.
Por el contrario, para rusos y chinos, al igual que para venezolanos y sudafricanos, lo que sucede en Siria es la continuación del «rediseño del Medio Oriente ampliado» anunciado por Washington y que ya ha dejado 1,2 millones de muertos, un proceso al que toda persona preocupada por la vida humana debe sentirse deseosa de poner fin. Estos últimos recuerdan que, el 15 de septiembre de 2001, el presidente George W. Bush programó 7 guerras. Los preparativos para el ataque contra Siria comenzaron oficialmente el 12 de diciembre de 2003 con el voto de la Syrian Accountability Act, en medio de la euforia por la caída de Bagdad. Desde ese día, el presidente de Estados Unidos –cargo que hoy ejerce Barack Obama– cuenta con la autorización del Congreso para atacar Siria y ni siquiera está obligado a presentarse ante los parlamentarios estadounidenses antes de dar la orden de abrir fuego. Así que la cuestión no es saber si la OTAN ha encontrado una justificación divina para desencadenar la guerra sino más bien si Siria podrá encontrar un medio de salir de esta situación, como ya logró hacerlo ante todas las acusaciones difamatorias, y para no caer en todas las trampas anteriores, como el asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri o el ataque israelí contra una imaginaria central nuclear militar.
Los «grandes medios de prensa comercial» occidentales ante los hechos y como testigos
Ya al terminar este artículo quisiera señalar, amigo lector, que la Red Voltaire facilitó una gira de prensa organizada por iniciativa del Centro Católico de Información de los Cristianos de Oriente, en el marco de la apertura a los medios de prensa occidentales, apertura que el propio presidente el-Assad anunció a la Liga Árabe.
Nosotros mismos ayudamos a los periodistas de los grandes medios a viajar a las zonas de combate. Nuestros colegas se sintieron al principio incómodos en nuestra compañía, al mismo tiempo porque tenían de nosotros una imagen negativa preconcebida y porque creían trataríamos de lavarles el cerebro. Pero pudieron comprobar posteriormente que somos personas normales y que nuestro compromiso no nos ha hecho renunciar a nuestro espíritu crítico.
En definitiva, a pesar de que están íntimamente convencidos de la bondad de la OTAN y de que no comparten nuestro propio compromiso antiimperialista, pudieron ver y oír la realidad de los hechos. Con honestidad, mencionaron en sus trabajos las acciones de las bandas armadas que siembran el terror en el país.
También es cierto que se abstuvieron de contradecir abiertamente la versión atlantista y que trataron de conciliar con esa versión lo que ellos mismos habían podido ver y oír, lo cual los obligó a veces a hacer toda una serie de piruetas alrededor del concepto de «guerra civil» entre el ejército sirio y mercenarios extranjeros. En todo caso, los reportajes de la Radio Televisión Belge (RTBF) o los del diario La Libre Belgique, por citar tan sólo dos casos, demuestran que desde hace 8 meses la OTAN ha venido escondiendo las acciones de los escuadrones de la muerte extranjeros cuyos crímenes atribuye a las autoridades sirias.
Thierry Meyssan

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